Miedo

Por Felipe de Jesús Jiménez Esparza

Todo me había salido bien. De hecho, resultó cómo lo planeé y la sonrisa en mi rostro no dejaba de temblar, se negaba a calmarse, a un punto en el que ya era cansado.

Pero así como la felicidad había llegado, disminuyó paulatinamente, a medida que entraba ahí. Se escondió otra vez en el mar de mis emociones, donde el respiro de inspiración se esfumaba lentamente.

No supe qué hacer ante aquella narrativa de ser feliz todo el tiempo. Me encontraba ebrio, para luego tener esa resaca de mí. Cada vez se hacía más y más fuerte y su visibilidad era inevitable.

Refugiado en aquel cuarto, mi anhelo era que nadie pudiese perturbarlo, que ese sentimiento volviera a donde ahora yacía la felicidad. Deseaba que no estuviera ahí, invadiendo mi espacio, manchando mi rostro, recorriendo mi cuello hasta llegar al esófago.

¿Qué había pasado? Hace un momento estaba bien, ¿Por qué? Era lo único que necesitaba saber.

¿Acaso no me había ganado ese derecho? El tener una satisfacción que hacía tiempo no existía, el no pensar más allá de mi ser.

Mis manos temblorosas subieron a mis ojos para darles refugio, pero la tristeza empezaba a escaparse entre mis falanges.

No lo quería aceptar, simplemente no era tolerable. Tenía que regresar a ese lugar… O quizás solo tenga que fluir la sensación.

Ante el tiempo que no se detiene y con la sensación de días enteros transcurriendo, mi madre entró y observó el ambiente que la habitación desprendía. Antes de que ella pudiese hablar, me transformé y escupí aquel pensamiento que no dejaba de atosigar.

—Madre, ¿por qué tengo miedo a ser feliz? ¿Por qué siento que no lo merezco? ¿En qué momento sucedió? ¿Qué o quién me lo arrebató?

No encontré respuesta. Sin embargo, su presencia abrazó mi conciencia y estreché los brazos para aferrarme sin titubear.

Aunque dicha acción no me daba la solución a mis preguntas, el regocijo me mantuvo inmerso largo tiempo.

Al soltar aquel momento tan preciado, observé nuevamente la habitación vacía, que llevaba dos años así. Fue entonces que acepté las implicaciones.

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