La oportunidad

Por Yerandy Pérez Aguilar

Había esperado pacientemente a que todo estuviera a su favor. Una mujer agonizaba hacía varias semanas, finalmente sus hijos habían ido hasta el cementerio donde tenían comprada una parcela, y cavado aquella tarde la fosa destinada a recibir los restos de su pobre madre. 

Enterado de que la mujer no pasaría la noche, el hombre se dirigió a casa de la que fuera su esposa. Ella estaba sentada en el portal, en el pretil del piso, con los pies apoyados en la tierra.  

– ¿Qué quieres? –dijo sin levantar la vista de la cesta que trenzaba a la luz mortecina del ocaso. 

Ni siquiera se dio el trabajo de inventar una escusa. Se abalanzó sobre la mujer rodeando el frágil cuello con sus manos. La cara se fue amoratando por la falta de oxígeno, unos escupitajos blanquecinos se acumularon en las comisuras de los labios, y un profuso chorro de orina empapó su falda. 

No le dio mucho trabajo echarse la carga sobre los hombros, para luego correr el riesgo de ser sorprendido en su incursión nocturna al camposanto. 

El hombre bajó a la fosa con una pala de cabo corto. Ahondó un poco más y luego arrojó dentro el cuerpo de su víctima. Lo cubrió escasamente, ya se encargarían  de terminar el trabajo los hijos de la mujer que sin dudas habría de morir aquella madrugada.

Asistió al funeral y al humilde entierro como buen conocido que era de la anciana y de sus hijos. No faltó quien se extrañara de la ausencia de la tejedora, ni el indiscreto que preguntara al exmarido; él se desentendió serenamente, alegando que ya nada tenía que ver con aquella señora. 

El pobre sarcófago fue arriado hasta el fondo de la fosa, desfilaron las amigas de la mujer echando las flores de rigor dentro del hueco, luego los hombres, para los primeros y simbólicos puñados de tierra. Él se ofreció para palear el resto en aquel momento de agotamiento físico y espiritual de los dolientes. “Es como si se la hubiera tragado la tierra” repetían en el pueblo, y todavía esas es la frase que dicen los pocos que recuerdan a la tejedora. 

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s