Malos aires de muertos

Por Antonio de Jesús Cortés Toledo

Tres veces llevaba doña Pancha santiguando la casa de los López. Cada rincón, cada puerta y ventana, cada espacio en aquella pieza estaba sahumado. El olor a albahaca, incienso, anisado y hasta ajo era perceptible desde la esquina. 

Nadie sabía exactamente qué era lo que pasaba en esa familia. La madre había muerto de una extraña enfermedad hacía 9 días, el niño con febrícula y el padre postrado en un catre con un torniquete en la pierna izquierda. 

-Nada bueno augura el lado izquierdo, nunca.- Murmuraba la gente que se enteraba de la desgracia. 

-¡Aquí están, aquí viven y no se quiere ir, son los malos aires de muertos! Santísima Virgen, bendice a tus hijos para que estas desgracias terminen pronto! – decía doña Pancha arrodillada ante el altar.

Mientras yo, dentro del baúl, escuchaba las sandeces de la pinche vieja, ¿por qué no me deja descansar? ¿Quién es el culpable que el niño lleve tres días enfermo?, o, ¿acaso yo le dije al papá que usara esa escalera remendada con palos para trepar al tejado?

Mi hogar es este baúl grande, espacioso y lleno de ropa que en su mayoría está vieja y percudida ¿con qué afán la guardan?, ¿la utilizarán algún día? ¡Hay que mantenernos alejados de las cosas inservibles! Pero qué digo, todo aquí es inservible o lo llegará a ser muy pronto.

Esa silla, por ejemplo, de mucha utilidad. Igual le sirve al que quiere descansar como al que quiere trabajar, pero hay algo en ella que no está bien. Nadie en esta casa lo sabe y ni siquiera lo sospecha, pero yace en su interior un nido de comején. Sí, a esas que les encanta comer trapos y madera. La silla va quedando hueca, pronto quedará inservible. De este modo, cuando alguien intente sentarse en ella caerá irremediablemente.

Aquella olla de acero muy ruidosa y despostillada, le da un toque de sabor a óxido a la comida. Nadie se ha dado cuenta, es un veneno lento y quizá los haga agonizar, así como ese foco que parpadea e intenta morir, pero al mismo tiempo se resiste. 

Mañana o pasado dirán que soy el culpable de esas atrocidades. Soy el espíritu de un muerto que quiere descansar no un demonio que hace travesuras.

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