Nueve meses

Por Yasser Ramos

Ocho meses, mi panza estaba enorme, era un mundito andante y pesaba demasiado, para este momento mis actividades favoritas por obligación eran permanecer acostada o sentada mirando lo que sea que tuviera enfrente, sin embargo, la mano de la emoción estaba puesta sobre mi ombligo y yo sentía un cosquilleo hermoso por saber que él estaba próximo a llegar a otro mundo que no fuera mi estómago, mi padre era el que más ansiaba su llegaba, anhelaba ser abuelo y se la pasaba diciéndome cosas sobre cómo ser buena madre, cosas que la verdad yo no entendía, pero imagino que necesitaba redimirse con todo lo que él no fue como papá, algo imposible si quería que yo fuera madre.

Según el doctor nacerá para mediados de Julio, sus predicciones por cálculo y experiencia me tienen sin cuidado, si deseo saber el tiempo miro mi calendario y ya, así que solo lo escucho, no tengo nada qué decir, lo que hago es sólo esperar. 

Alfonso casi nunca llega a las consultas, lo que hago es contarle todas las novedades que el doctor observa de mi estómago, y la última fue que él ya se está alistando para salir acercándose más a la pelvis, ya está básicamente listo, inquieto por salir o con miedo de hacerlo, no lo sé, pero ya está sobre las puertas de la libertad, ojalá Alfonso ya haya pensado en el nombre, yo tengo uno solamente, pero no estoy segura de que sea el mejor, me gustaría por fin encontrar el momento para discutirlo.

Hace una semana que se cumplieron ya los nueve meses y mi madre nunca sabrá que será abuela, se fue de este planeta cuando entré al bachillerato, una enfermedad aparentemente incurable terminó cegando su futuro, pero por la memoria sé que ella amaría abrazar a su nieto, cada que estoy en ese pensamiento me siento liviana, tranquila. 

¡CADA 4 O 5 MINUTOS! Cada 4 o 5 minutos durante 1 hora es el tiempo suficiente para saber que él ya está rasgando la puerta con garras y dientes pero ¡CADA PINCHE SEGUNDO ES ETERNO! Cada que toca es un eco que se convierte en alarido, haciéndonos uno: el llamado y el ¡GRITO!, ¡Carajo! Alfonso no llevó a reparar el auto, ¡es un pendejo! El abuelo está desmayado, entró en pánico, ¡es un cobarde! ¡Y el puto taxi no llega! Taxi por celular, qué gran invento y poco útil, no sé lo que digo. ¡¿Esto es lo que sintió mamá?! Pues qué valiente ¡DÓNDE CHINGADOS ESTÁS! 

Las contracciones son cada vez más fuertes, estoy sudando, caminando, mirando el piso suspirando demasiadas veces, moribunda, casi suplicando pues no entiendo nada. Sí, al fin el hospital, ¿Ahora me toca una sillita? Las manos que me llevan ahora son las del doctor, recorremos pasillos y pasillos sobre ruedas, sonidos de teléfono, voces de enfermeras, luces tintineantes ¡Ya salte de ahí que me dueles!

Bien, me dice el doctor que puje, que puje fuerte, ¡que puje con huevos! Te rehúsas, no puede ser ¡si es tú rebelión! Es tú momento de brillar, ¡ser un revolucionario y encontrar la libertad! ¡¡ASÍ QUE SAL!!… Cerré los ojos con fuerza y sentí un tirón donde salían mis entrañas, silencio… el dolor era punzante, tolerable y molesto a la vez, hubo más silencio después… Cuchicheos… aún tenía los ojos cerrados: -“Creo que no”-. Se escuchó una voz… -“Bueno, pues…”-. Remató alguien más. Abrí los ojos de golpe, con mi vista un poco borrosa miré sobre la palma de la mano del doctor, ahí yacía una bolita roja inerte y escuché: -“Mire, va bien, no le encontramos ningún problema, sin embargo, aún no está listo y se lo tenemos que volver a ingresar”. 

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s