Ernest Hemingway & El Viejo y el mar

Por Bryan Hernández*

Es el año de 1951. Ernest Hemingway tiene 52 años y vive en Finca Vigía, su casa de la Habana, Cuba. Apenas hace un año que publicó “Al otro lado del río y entre los árboles”, fruto de su amor platónico con Adriana Ivancich, una joven veneciana 30 años menor que él. La crítica ha sido feroz.

Lógico. Después de haber publicado “Por quién doblan las campanas”, novela de casi 500 páginas sobre la guerra civil española, lo menos que se podía esperar era que publicase un libro que superara al anterior en extensión y profundidad.

Pero en los últimos años, la vida de Hemingway no ha sido fácil. Porque la muerte es todo, menos predecible. Durante la última década ha tenido que despedirse de sus amigos literarios. En 1940, Scott Fitzgerald, de quien dijo una vez “siempre he tenido un estúpido e infantil sentimiento de superioridad ante Scott, como el de un chico duro y resistente que desprecia a otro, más delicado quizá, pero con talento”; en 1941, Sherwood Anderson y James Joyce; en 1946, Gertrude Stein, y un año más tarde, en el verano de 1947, Max Perkins, su amigo y editor en la editorial Scribner.

Para entonces ya vive casado con Mary Welsh y tiene su residencia en la Habana, pero de esta época se dice que acostumbra ir descalzo por la calle, mal vestido y sin afeitar, haciendo largos recorridos que terminan en La Bodeguita del Medio (restaurant de comida cubana que también se puede encontrar en la colonia Condesa de la CDMX), debido a la profunda depresión a causa de las muertes de sus amigos.

Así pues, furioso por las críticas que ha recibido su última novela, en 1951 Ernest Hemingway se sienta ante su máquina de escribir y redacta en ocho semanas el primer borrador de “El viejo y el mar”.

Pero, ¿qué es El viejo y el mar? Hay registros que señalan que Ernest Hemingway estuvo trabajando en una trilogía de 800 páginas titulada ‘The sea book’, pero que dicho proyecto quedó inconcluso. De modo que nos preguntamos aquí si Hemingway no optó por hacer a un lado las grandes obras, de tamaños descomunales, para concentrar sus esfuerzos en algo mucho más compacto pero que contuviera toda su esencia y su vigor.

Sea como fuere, la publicación en 1952 de “El Viejo y el mar”, primero como ejemplar monográfico para la revista Life y posteriormente como libro, consiguió vender en dos días cinco millones de ejemplares, reafirmando así el valor literario de su obra y haciendo de Hemingway una celebridad internacional.

Pero dejemos la biografía para más al rato y concentrémonos en “El viejo y el mar”. ¿De qué va este libro al que su autor se refirió como ‘lo mejor que podía escribir’? Alguna vez, platicando con Hugo Ernesto, escritor y politólogo mexicano, docente en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, llegamos a la conclusión de que era el libro con el argumento más sencillo del mundo.

Es la historia de un viejo llamado Santiago que, después de 84 días sin haber cogido un solo pez, decide romper su racha de mala suerte yéndose a buscar mar adentro, más allá de sus propios horizontes, al pez más fabuloso del mundo; el más grande, fuerte y noble también. La historia en realidad de un humilde pescador que seguirá luchando aún después que lo haya perdido todo. Pues, como dijo Hemingway, el hombre no está hecho para la derrota. Al hombre se le puede destruir, pero no derrotar.

(Aquí me detengo, releo lo que acabo de escribir y pienso: uf, qué grande sos, y qué grande fuiste Ernest Hemingway).

Volvamos a la biografía.

En 1953, un año después de haber publicado “El viejo y el mar”, Ernest Hemingway recibe el Premio Pullitzer de ficción. En 1954, el Nobel de Literatura. Entretanto, Hemingway se ha estado moviendo entre distintos continentes, de América a Europa y de Europa a África, específicamente de Pamplona- España hacia el Congo Belga, para fotografiar las cascadas de Murchison. Pero es aquí donde sufre su primer accidente de avión, al chocar con un poste abandonado de electricidad. Hemingway recibe un duro golpe en la cabeza, y le queda una cicatriz para el resto de su vida. Mary Welsh la palma apenas con dos costillas rotas. No obstante, al día siguiente, en un intento por llegar a la asistencia médica de Entebbe, sito en el país de Uganda, la pareja aborda un segundo avión que explota durante el despegue, lo que le provoca a Hemingway otra conmoción cerebral, esto en 1953.

En 1954, sin abandonar del todo el continente africano, Hemingway es herido nuevamente, pero esta vez a causa de un incendio forestal. Una fotografía de la época muestra a un Hemingway echado sobre una tumbona, la camisa abierta, el brazo levantado, mirando con una ceja arqueada hacia el lente de la cámara. Detrás, el sol entra desde lo que parece ser un jardín con árboles frutales; delante, sobre el descansabrazo, un vaso de agua (¿o de whiskey? Se dice que por esta época ya bebe en exceso) aparece lleno casi hasta el borde. Pero si nos fijamos un poco, vemos que tiene la mano completamente achicharrada, por lo que no viaja a Estocolmo y se queda en casa para tratar sus heridas. A cambio, envía un manuscrito para ser leído en el que define la vida del escritor:

“Escribir, en su mejor momento, es una vida solitaria. Organizaciones para escritores palían la soledad del escritor, pero dudo que mejoren su escritura. Crece en estatura pública como vierte su soledad y a menudo su trabajo se deteriora. Porque hace su trabajo solo, y si es un escritor suficientemente bueno, debe enfrentar la eternidad, o la falta de ella, cada día”.

Y es así como llegamos por fin a la noche fatídica de aquel 2 de julio de 1961, en la que Hemingway, después de haber sido liberado de la clínica Mayo de Minnesota, una institución para pacientes con enfermedades mentales, decide quitarse la vida poniendo dos balas a su escopeta, colocando el cañón dentro de su boca y jalando el gatillo para hacer estallar su cerebro.

Ignoro ahora si este recorrido ha sido lo suficientemente justo para hablar sobre Ernest Hemingway y su novela “El viejo y el mar”. Sin duda, las historias que giran en torno a su figura son tantas que bien podrían escribirse una colección entera de ellas. Como la vez que un joven escritor, movido por el deslumbramiento que le causó la lectura de uno de sus cuentos, decidió presentarse personalmente en la puerta de su casa, para pedirle que le enseñara a escribir. Sin embargo, más allá de lo que podamos o no decir, lo que queda al final es lo siguiente:

Leamos a Hemingway. Leamos sus cuentos, género en el que para algunos alcanzó la máxima perfección. Leamos sus novelas, que son tantas y que tristemente muchas de ellas ya no se encuentran en las librerías, pero sí en Internet. Leamos su biografía y también aquellos textos bellísimos en el que otros escritores hablaron de él. Como el que escribió García Márquez titulado ‘Mi Hemingway personal’. Leamos, pues, la historia de este viejo pescador que lucha contra aquello que no se sabe bien qué es, pero que suponemos es la vida misma defendiéndose contra la adversidad. Y cerremos los ojos y recemos como lo hace un personaje en uno de sus cuentos más enternecedores. Me refiero, desde luego, a ‘Un lugar limpio y bien iluminado’.

Nada nuestro que estás en la nada, nada es tu nombre, tu reino nada, tú serás nada en la nada como en la nada.

Solo no dejemos de leer.


*El autor es licenciado en Comercio Internacional por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha colaborado en medios como RadioBuap.com, Revista Pueblados22 y Cultura Colectiva. Dejó el comercio para dedicarse a la Literatura.

1 comentario

  1. Al presente resúmen le falta un dato que no es menor: una cálida amistad con Fidel Castro durante su permanencia en la Isla, aproximadamente un año antes de su suicidio. Existen fotografías de la época en las que se los ve juntos practicando la pesca deportiva. Fidel siempre se declaró ferviente lector y admirador del escritor gringo, inclusó dijo una vez que, el haber leido “Adios a las armas”, le dio pautas para
    hacer su guerra de guerrillas, como punta de lanza de la revolución cubana.

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