Por: Sebastián Sanfer
—Nosotros… —de sus cuencas vacías, brotan lágrimas—, ¿a dónde vamos después de hacernos polvo?
Luego de dejar los restos de las osamentas de su compañero en la hoguera, uno a uno, se preparan para cumplir su deber en el mundo humano. La pequeña se aferra a su madre, quien lleva consigo su hoz y una lista de nombres bajo la túnica. «Nacemos como humanos». La pequeña, que solo deseaba confirmar lo que ya sabía, saca la hoja de papel con el nombre de su padre y la lanza al viento.
—Adiós, papá —la hoja cae en la hoguera, la pequeña sigue con la vista el humo negro—, nos vemos como humanos.
La madre recuerda sus dudas mientras iba creciendo. Ve a los demás atravesar el umbral, «¿A dónde van los humanos cuando los separamos de sus cuerpos?». ¿Cómo podrían saber a dónde iban ellos mismos? La madre ahoga su llanto, hace siglos que dejó de creer en aquella historia.
