Edward Sapir y su enfoque de lingüística y lenguaje como producto cultural y social

Por: Francisco Hernández Echeverría*


Franz Boas, pensador clave en la historia de la antropología y precursor del relativismo cultural, formó numerosos alumnos en las primeras décadas del siglo XX, pero sólo Edward Sapir sería reconocido formalmente por sus pares como un genio, como el único capacitado profesionalmente entre ese conjunto de estudiantes de Boas.

            Y efectivamente, el antropólogo y lingüista judeo-alemán Edward Sapir llegó a ser una de las figuras de referencia de la lingüística estructural y uno de los creadores de la famosa Hipótesis Sapir-Whorf.

            Nació el 26 de enero de 1884 en Lębork, entonces parte del Imperio alemán y actualmente de Polonia, en el seno de una familia judía ortodoxa que emigraría a EEUU a finales del siglo XIX. Como ya se mencionó fue discípulo de Franz Boas, y al terminar sus estudios fue profesor de la Universidad de Chicago y, más tarde, de la Universidad de Yale (1931-1939).

Sapir estuvo fuertemente influenciado por la aguda obra de Benedetto Croce, y entre sus alumnos destacan Benjamin Lee Whorf, Mary Rosamund Haas, Li Fang-kuei y Harry Hoijer. Fue amigo personal del psiquiatra Harry Stack Sullivan, reconoció al lingüista Zellig Harris su heredero intelectual y fue fuente de inspiración para la Escuela de Sociología de Chicago.

Murió de una afección cardíaca el 4 de febrero de 1939 en New Haven, Connecticut.

Independientemente de numerosos artículos y ensayos, entre sus obras más destacadas tenemos: Wishram Texts (textos de Wishram 1909); Language: An introduction to the study of speech (El lenguaje. Una introducción al estudio del habla, 1921) y Nootka Texts (Textos de Nootka, 1939).

            Al centenario de su nacimiento, en 1984, se organizaron diversos festejos en su honor y sus escritos fueron recopilados temáticamente en The Collected Works of Edward Sapir (Obras completas de Edward Sapir), una serie de dieciséis volúmenes en los que se catalogó todo, desde sus trabajos publicados hasta sus reseñas académicas e incluso sus artículos de enciclopedia.

La gran capacidad analítica y vasta cultura de Edward Sapir le ha colocado como un autor de primera línea dentro del mundo de la ciencia. En general, se puede decir que su obra, fragmentaria e impresionante por su diversidad, es precursora del estructuralismo y en investigar las relaciones entre lenguaje y antropología, concretamente por sus estudios de las sociedades indígenas americanas. También desarrollo un método histórico inspirado en gran medida en los consejos de su maestro Boas, trató la definición de cultura, el objeto de la antropología y su relación con la personalidad, hizo crítica del evolucionismo y difusionismo de Robert Fritz Graebner y abordó asuntos relacionados con la psicología, psiquiatría, literatura y música. Así mismo, a lo largo de su carrera defenderá vigorosamente el papel creativo del individuo en la sociedad.

Con base en sus indagaciones sobre la función y la forma de los lenguajes como sistemas arbitrarios de símbolos, en Language: An introduction to the study of speech, Sapir aborda el tema del lenguaje, pero no lo hace sólo como un simple acopio de hechos acerca de él o recargándose en la base psicológica última del habla o, haciendo historia y descripción en sentido estricto de lenguas particulares, sino que lo quiere situar en cierto panorama que ilustre sus principios, mostrar su esencia. Para ello, desarrolla magistralmente una serie de problemas específicos sobre los elementos del habla, la definición y caracterización del lenguaje, lenguaje y comunicación, sus sonidos, los procedimientos y conceptos gramaticales, los tipos de estructura lingüística, las transformaciones históricas del lenguaje o de qué modo varía en el espacio y en el tiempo, sus leyes fonéticas, la mutua influencia de las lenguas, su impacto en la visión del mundo y cuáles son sus relaciones con otros intereses humanos primordiales: con el pensamiento, raza, cultura, literatura y arte; ya que mientras más amplio sea el conocimiento de las conexiones del lenguaje, los especialistas en estudios lingüísticos podrán liberar su ciencia de una actitud estéril y puramente técnica.

Para llegar a este punto, Sapir habla de su deuda con aquel escritor que ha tenido alguna influencia sobre el pensamiento ilustrado, Benedetto Croce, quien para él es uno de los poquísimos que han logrado comprender la significación fundamental del lenguaje, especialmente con su concepto de “intuición”, que ha hecho notar la estrecha relación que tiene el lenguaje con el problema del arte. Dice Sapir (1954: 7) al respecto:

Prescindiendo por completo de su interés intrínseco, las formas lingüísticas y los procesos históricos son extraordinariamente valiosos para diagnosticar y comprender algunos de los problemas más difíciles y escurridizos de la psicología del pensamiento, y también algunos de los que plantea esa extraña corriente, ese acumulador que existe en la vida del espíritu humano y que llamamos historia, o progreso, o evolución. Este valor depende sobre todo de la naturaleza inconsciente y no racionalizada de la estructura lingüística.

Como el libro está dirigido para los interesados en la lingüística y para el público extraño a ella, “el cual tiende a considerar las nociones lingüísticas como pedanterías propias de ingenios ociosos” (Ibídem), Sapir trata de evitar el empleo de la mayor parte de los términos técnicos y de todos los símbolos técnicos de la erudición lingüística: “no hay en el libro un solo signo diacrítico” (Ibídem). Siempre que ha sido posible, la exposición se basa en ejemplos ingleses. Sin embargo, el esquema que utiliza Sapir comprende un examen de las formas infinitamente cambiantes en que se ha expresado el pensamiento humano, le exigió citar algunos ejemplos que él llama exóticos.

Formado por el propio Boas, Sapir llevará a cabo sus estudios como antropólogo. En ese momento la antropología es una disciplina emergente y Sapir tendrá de ella una visión profundamente interdisciplinaria, contribuyendo enormemente en muchas áreas al fusionar la etnografía con la historia, al tiempo que descubrió relaciones profundas entre antropología cultural, psicología, lingüística, semiótica y estudios literarios. Por consiguiente, sentó las bases tanto para la antropología simbólica como para la antropología psicológica.

A diferencia de muchos antropólogos de hoy, Sapir fue ante todo un comparativista, siempre buscando sacar deducciones de entre similitudes y diferencias —así como de profundas relaciones históricas— de las numerosas lenguas y culturas que encontró durante el ejercicio de su profesión.

Aunque rechaza las “reconstrucciones pseudohistóricas” y los postulados de los evolucionistas, Sapir, en sus primeros escritos metodológicos, considera a la etnología como una “ciencia estrictamente histórica”. Más que una cronología absoluta, imposible de construir en ausencia de documentos relacionados con épocas lejanas, el observador de sociedades primitivas puede, dentro de límites temporales y espaciales muy estrechos, establecer una “secuencia determinada de eventos”. En su extenso artículo de 1916, “Time Perspective in Aboriginal American Culture, a Study in Method” (Perspectiva temporal en la cultura americana aborigen: un estudio con método) Sapir enumera los principios en los que debe basarse la investigación:

  1. No aislar los elementos de la cultura de las “combinaciones” de los que forman parte;
  2. Por lo tanto, no utilizar las características formales de estos elementos (como hicieron los difusionistas alemanes) para probar un parentesco histórico, sino buscar siempre para ello un soporte en la distribución geográfica, generalmente continua, de los fenómenos que se encuentren indefinidos;
  3. No tomar precipitadamente, por supervivencia, un elemento separado de su contexto o descrito de manera insuficiente.
  4. Establecer, con precaución, las correlaciones entre la complejidad (de una institución) o la especialización (de una técnica) y su antigüedad.

Con base en el desarrollo de sus indagaciones antropológicas se acercará por primera vez al campo de la lingüística, llegando a ser considerado el lingüista más importante dentro del grupo que conformó la primera generación de antropólogos estadounidenses. Como entusiasta lingüista de campo documentó docenas de lenguas amerindias, estudiando con profundidad los datos lingüísticos (evolución del vocabulario y formas gramaticales, constitución de familias y variantes) que no solo revelan los vínculos históricos entre poblaciones disgregadas, sino que arrojan una luz sorprendente sobre el contenido y los cambios semánticos de los conceptos culturales de cada sociedad en particular (Pottier y Dreyfus, 1970).

            De esta manera, al igual que como hizo con la antropología, la descripción de las lenguas amerindias le llevo a elaborar una visión del lenguaje que tomará en cuenta no sólo los aspectos culturales e históricos sino toda la gama que componen las ciencias humanas, tales como la filosofía, psicología y sociología, elaborando así, la noción de fonema y a proponer una nueva tipología de las lenguas basada en criterios formales (sintaxis y semántica). Es decir, trata al lenguaje como un producto cultural y considera que la lingüística puede ser muy fructífera para el estudio científico de la sociedad.

            En efecto, Sapir afirma que el lenguaje determina el pensamiento, de forma que cada lengua lleva aparejada una forma de pensar. Entonces, la lengua se caracteriza por ser puramente humana, ya que es un sistema convencional de comunicación de ideas, emociones y deseos por medio de símbolos sonoros arbitrarios producidos voluntariamente y no por instinto, por lo tanto, el lenguaje es resultado de un proceso meramente cultural y social. Es decir, el papel social y cultural han sido determinantes para la configuración del lenguaje, su dinámica de cambio y su diferenciación.

            De este modo, no solo los sistemas de comunicación de los animales están excluidos de la definición sapiriana de lenguaje, sino también cualquier articulación comunicativa humana que no sea simbólica o voluntaria, por ejemplo, los clamores instintivos:

El lenguaje es un método exclusivamente humano, y no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos por medio de un sistema de símbolos producidos de manera deliberada. Estos símbolos son ante todo auditivos, y son producidos por los llamados “órganos del habla”. No hay en el habla humana, en cuanto tal, una base instintiva apreciable, si bien es cierto que las expresiones instintivas y el ambiente natural pueden servir de estímulo para el desarrollo de tales o cuales elementos del habla, y que las tendencias instintivas, sean motoras o de otra especie, pueden dar a la expresión lingüística una extensión o un molde predeterminado. La comunicación humana o animal (si acaso se puede llamar “comunicación”), producida por gritos involuntarios instintivos, nada tiene de lenguaje en el sentido en que nosotros lo entendemos (Sapir, 1954: 14-15).

Un elemento del habla puede simbolizar un concepto o relaciones al interior entre conceptos. Un concepto es la suma abstracta de numerosas experiencias individuales que se perciben como similares o incluso idénticas en sus propiedades básicas. Por ejemplo, cuando escuchamos la palabra “casa”, podemos tener en mente cierto prototipo básico: cuatro paredes, una puerta, ventanas y un techo, pero no pensamos en una casa en particular que hayamos visto alguna vez, porque “casa” es el símbolo de un concepto, una categoría, que tiene precisamente muy pocos elementos básicos (paredes y un techo, aptos para que las personas vivan).

Lo mismo se puede aplicar a cosas abstractas como ideas, sensaciones y emociones. Pues como escribe Sapir: “El mundo de nuestras experiencias necesita ser simplificado y generalizado enormemente para que sea posible llevar a cabo un inventario simbólico de todas nuestras experiencias de cosas y relaciones; y ese inventario es indispensable si queremos comunicar ideas” (Ibíd: 19). Y esto es lo que hace el lenguaje por nosotros: conceptualiza nuestro mundo y nos proporciona las categorías por medio de las cuales pensamos. Como cada lengua goza de una estructura diferente, cada una de ellas va a establecer su propia categorización o simbolización del mundo que le rodea. Las diferencias entre estas lenguas pueden ir desde insignificantes hasta muy importantes. Por ejemplo, Benjamin Whorf compara la concepción del tiempo y el espacio en la lengua hopi con la forma en que conciben estas dimensiones las lenguas de la familia que él denomina Standard Average European (Estándar europeo medio, SAE por sus siglas en inglés). Las lenguas SAE objetivan el tiempo y el espacio con el fin de poder numerarlos y medirlos, mientras que en hopi: “No hay objetivación en cuanto a región, extensión, cantidad del sentimiento subjetivo de duración. Nada se sugiere sobre el tiempo excepto su perpetuo ‘hacerse más tarde’” (Whorf 1956: 143).

Sin embargo, en realidad no tenemos necesidad de mirar esas concepciones abstractas para darnos cuenta de que las diferentes categorías lingüísticas son las responsables de las diferentes percepciones del mundo. Si tomamos un término simple como “silla” y su traducción alemana “Stuhl” y comparamos los conceptos que se desencadenan de ellos, encontraremos que “silla” no cubre el mismo grupo de elementos que “Stuhl”. Lo que se percibe como similar o idéntico en una lengua porque se llama igual, se percibe diferente en el otro, porque es referido con términos diferentes. Cada lenguaje tiene su propia forma de clasificar la realidad y dividir el mundo en diferentes categorías.

Pero lo importante es que “todos los lenguajes están preparados para hacer todo el trabajo simbólico y expresivo para el que el lenguaje es bueno, ya sea real o potencialmente. La técnica formal de este trabajo es el secreto de cada idioma.” (Sapir, 1924: 155).

Si los hopi no piensan en el tiempo y el espacio como dimensiones que se puedan medir o contar porque su lengua no trata estos temas de esa manera, eso no significa que no puedan expresar como lo entiende el concepto SAE de tiempo y espacio en su propio lenguaje y al revés. Cada lengua permite a sus hablantes expresar lo que quieran expresar, solo los medios técnicos son diferentes. Esto es lo que Sapir llama “completitud formal” de cada lenguaje. Esta completitud no tiene nada que ver con la riqueza del vocabulario, sino con las propiedades formales y estructurales del lenguaje. El lingüista judeo-alemán niega la clasificación tradicional de los lenguajes que solía colocar el griego antiguo y el latín en la cima de la escala de completitud y los idiomas de los pueblos primitivos en la parte inferior. Para él, no existe una jerarquía de completitud, pero cada lenguaje es en sí mismo completo y suficiente para expresar todo lo que sus hablantes quieren expresar. Es un error intentar medir un lenguaje con el marco estructural de otro, porque cada lenguaje tiene su propia estructura completa (Sonnenberg, 2004).

Edward Sapir influyó sobre otros lingüistas importantes, tales como Noam Chomsky. Sus ideas fueron adoptadas y desarrolladas durante la década de 1940 por Benjamin Whorf, que terminó convirtiéndose en la hipótesis de Sapir-Whorf.

En cuanto a Language: An introduction to the study of speech, un texto que en su momento orientó a generaciones de lingüistas y expertos en alfabetización, a pesar del paso del tiempo, sigue siendo un trabajo básico, dado que el estudio del lenguaje y del habla todavía sigue abriendo varias perspectivas fundamentales sobre la etnolingüística y la teoría del lenguaje: “objeto-concepto-signo lingüístico”, la tipología de la palabra, el mecanismo onomasiológico, la tipología de los medios de expresión, el análisis de clases gramaticales, homosintaxis y tipología general.

Según los especialistas, a la fecha, ningún trabajo posterior de antropología histórica ha desautorizado la validez de los criterios establecidos por Sapir.


Referencias bibliográficas:

BERNARD Pottier y Dreyfus Simone (1970): “A propos de Sapir”. L’Homme (Francia), Vol. X, No. 1. pp. 94-99.

DARNELL, Regna (2010): Edward Sapir: Linguist, Anthropologist, Humanist. EEUU: University of Nebraska Press.

KOERNER, Ernst Frideryk Konrad (ed.) (1984): Edward Sapir. Appraisals of his life and work. EEUU: John Benjamins Publishing Company.

SAPIR, Edward (1954): El lenguaje. Introducción al estudio del habla. México: Fondo de Cultura Económica (Trad. de Margit y Antonio Alatorre).

____ (1924): “The Grammarian and his Language”. American Mercury (EEUU), No. 1, pp. 149-155.

SONNENBERG, Britta (2004): “Edward Sapir’s views on language”, en GRIN Verlag (Munich). Recuperado el 09 de Octubre de 2020, desde: https://www.grin.com/document/25907

WHORF, Benjamin Lee (1956): Language, Thought and Reality. Massachusetts, EEUU: MIT Press.


*El autor es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Cuauhtémoc y maestro en Educación Superior por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con experiencia laboral en instituciones gubernamentales como enlace interinstitucional; se ha desempeñado como docente a nivel medio superior y superior en diversas instituciones educativas en la Ciudad de Puebla. Ha sido antologado en libros de poesía, y como ensayista con temáticas de educación, literatura y filosofía en editoriales independientes. Textos suyos se encuentran también en publicaciones periódicas impresas y electrónicas como UnivercienciaMomentoCalmécacRevista de la Universidad del Valle de PueblaRelieves y Revista Mexicana de Vampirismo.

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