El paseo del muerto

Por: Daniel José González

Don José había acudido a la capital del país por cuestiones médicas. Él vivía en la provincia. No quería abandonar su terruño. Su esposa siempre insistía en que fuera a la capital a hacerse ver por un médico de verdad. -Mira José, yo te veo malito. Lo mejor es que te vayas para la capital para que te revise un médico auténtico. ¡Déjate ya de brujos!- le decía preocupada. -Yo te acompaño- concluía. Él siempre le contestaba: -Yo estoy bien, mujer. No quiero ponerme en manos de esos matasanos. Además ¡Hierba mala nunca muere!- decía con picardía.

Después de tanto insistir, decidió complacerla. Ya en la capital, se hizo ver por cuanto médico le recomendaban según los síntomas que presentaba, pero seguía malito como decía su mujer. Fue así que después de tantos médicos y medicinas, su estado empeoró, muriendo a los pocos días. Su esposa no podía creer lo sucedido. -Vino a curarse a la capital y miren lo que pasó. Ahora me lo tengo que llevar con los pies por delante- decía mientras se secaba las lágrimas. Iban a cumplir cincuenta años de casados. También pensaba en lo que el difunto repetía todos los días: -A mí me entierras en mi pueblo. En ningún otro lado- le decía. Ahora ella buscaba el cómo cumplirle. -A los muertos se les cumple o se convierten en almas en penas- pensaba.

Cumplidos los trámites administrativos en el hospital a donde lo trajeron más muerto que vivo, necesarios para la realización del traslado y posterior servicio funerario, le entregaron el acta de defunción y la orden de inhumación. De inmediato un enjambre de personas le cayó encima como mosca en escusado, buscando quedarse con el servicio. Este consistía en el traslado a la ciudad destino, servicio de capilla ardiente, traslado del difunto al cementerio donde se realizaría el entierro, autos de traslado para familiares y el suministro de sillas para la realización del novenario que acompañaría a la ceremonia que se haría en honor al difunto para su último adiós. Todas las ofertas presentadas eran muy costosas. -¡Dios, qué hago? Nosotros no podemos pagar eso- se dijo preocupada.

Ella sola en la capital esperaba a sus hijos para que la acompañaran en tan doloroso momento. Una vez reunidos, discutió con su prole el costo del servicio funerario. A todos, al unísono, también les pareció muy elevado. Ideándose un plan para el regreso a casa del finado. Todos se pusieron de acuerdo en que el mejor método era llevarlo como vivo en uno de los autos de sus hijos.-No se diga más, yo me llevo al viejo en mi carro para su tierra- dijo el menor de los hijos. De inmediato se dispusieron a ponerlo en marcha.

En la morgue, ayudado por algunos empleados que le tomaron cariño al muerto, lo acicalaron con tal esmero que parecía que había vuelto a la vida. Lo vistieron con ropa deportiva nueva. Tenía aspecto de todo menos de muerto. Lo colocaron en la parte trasera de la camioneta haciéndolo pasar por un pasajero que iba dormido. Pretendían trasladarlo desde la capital hasta la tierra natal del difunto como si se tratara de una persona viva. Asustada la viuda se encomendó a la Virgen María: -Virgencita permite que lleguemos sanos y salvo con mí preciada carga- mientras se persignaba. Preocupada le dijo a sus hijos: -Vámonos-. Dándose inicio al traslado del muerto como vivo.

Luego de un largo recorrido sin peligro alguno, avistaron el primer puesto de control. Como había de esperarse, todos entraron en pánico. Hasta al difunto se le veía con cara de miedo. Ya no era la cara de vivo con la que salió al paseo de vuelta a casa: Era un  muerto de miedo. Al verlo así, su esposa se extrañó, pues venía con muy buena cara. Lo tomó de la mano, como de costumbre, y en seguida su rostro recuperó el aspecto que exhibía al inicio del viaje. Era el perfecto pasajero dormido. Cuando se acercaron, el guardia les dijo: -Buenos días. Papeles por favor. Del vehículo y de los pasajeros-. Fijó los ojos en el cadáver, que todavía parecía dormido. No advirtió anormalidad alguna.    –Está dormido. Lo llevamos a casa después de dos meses de tratamiento médico en la capital. Está cansado- le dijo el hijo menor. Después de revisar los documentos el guardia se los devolvió deseándole feliz viaje. Nos salvamos de ésta- comentó la viuda, mientras continuaban con el viaje.

Al cabo de dos horas de carretera volvieron a ver otro punto de control policial. Todos entraron en pánico. El primero en sudar fue el difunto. De nuevo su esposa lo tomó de la mano para que se calmara. Al detenerse frente al guardia éste le dijo: -Buenas tardes señores. ¿Para dónde van por ahí?- con cara amable. En seguida el hijo mayor con el rostro abatido, le contestó: -Para nuestro pueblo a llevar a mi padre que se ha sentido malito- concluyó. El guardia debió sentirse conmovido que no pidió documentación alguna. -Bueno, apure el paso para que no le agarre la noche en el camino. Que tengan feliz viaje- les dijo. De nuevo sintieron un enorme alivio. -Van dos alcabalas y todo ha salido según el plan- dijo la viuda. Aunque no dejaba de preocuparle el comportamiento del difunto. Le preocupaba esa mala costumbre de comportarse como vivo ante el miedo y la tensión que generaba la aproximación a la autoridad en la vía. Como medida preventiva aprovechó una parada realizada para escarmentarlo. –¡Hágame usted el favor señor!. Compórtese, si es que quiere ser enterrado en su tierra – brava le dijo. Desde entonces no sudó más. Tampoco puso más la cara de muerto de miedo.

Ya estando cerca de casa, cuando faltaba poco para llegar a su destino, se toparon con otro puesto de control. Este era conocido por ellos. Tenía fama de que sus hombres eran fieles cumplidores de la Ley. Hasta el difunto, quien pasó innumerables veces por allí, parecía advertirlo, pero se comportó como muerto. -Buenas noches señores. Por favor me presentan los papeles del coche, de las personas y de la carga- dijo con voz de mando y de pocos amigos. Todos empezaron a sudar, menos el muerto, tal vez por el regaño que había recibido de su esposa. Empezó a hurgar dentro del vehículo. Fijó su mirada en el difunto. Luego miró a los pasajeros, como diciendo: -aquí tengo algo grande-. Los pasajeros no podían disimular la cara de espanto que tenían. Eran rostros de horror. -¡Señor despierte!- le gritó. Todos entraron en pánico. -¡Despiértenlo! volvió a gritar. Nadie decía nada. El militar al no obtener respuesta, se puso fúrico. –Se me bajan todos del vehículo, ya!- insistía. En eso el difunto se despabiló. Súbitamente sus ojos se encendieron, como quien se despierta de un largo sueño. Todos se quedaron horrorizados. Ante aquello todas las pretensiones del guardia se desmoronaron: -Que tengan buen viaje- dijo de mala gana mientras se retiraba, como decepcionado de no haber tenido suerte con su hallazgo. Entre tanto el difunto volvió a cerrar sus ojos para no abrirlo más.

Ya en casa, sus familiares habían arreglado todo para la despedida del finado, quien a partir de entonces adoptó una postura de muerto como correspondía a su estado. Lo sacaron del ataúd para quitarle el disfraz de difunto juvenil que tenía. Lo vistieron para la ocasión y lo devolvieron al ataúd e iniciaron la capilla ardiente, en espera del sepelio.

Al día siguiente, la viuda, que junto a las plañideras lloraba, vio que habían metido el cadáver al revés en la urna. Esto la puso furiosa. –Tenemos que voltearlo- dijo. Los asistentes no entendieron nada. Pensaron que eran asuntos de viuda. Tenía la creencia que el llevarlo de ese modo, el muerto vería el camino que dejaba atrás y su alma podría regresar para llevarse consigo a otro miembro de la familia. De inmediato lo acomodaron. La viuda quedó complacida.-Yo te quiero mucho mi viejo, pero no voy a permitir que tu espíritu divague por aquí, jodiéndome la vida- le dijo. -Usted sale de esta casa con los pies por delante!- dijo complacida como quien aleja una maldición.

1 comentario

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: