Rosa flamingo

Por: Karla Hernández Jiménez*

¿Hasta cuándo piensas tenerme atrapada aquí, Armando? 

Llevas más de quince años reteniendo mi presencia aquí, ¿por qué no te atreves a dejarme salir? Recuerdo que, cuando solamente eras un niño, no te daba pena exponerme delante de todos, creo que incluso te sentías orgulloso de mi.

¿Hasta cuándo piensas fingir que no existo?

Aunque me ignores completamente y me hayas desterrado al recoveco más mugriento y alejado de tu memoria, no me daré por vencida.

Me niego permanecer por más tiempo en esta prisión a la que me has condenado sin ningún motivo válido. Únicamente actuaste impulsado por la vergüenza y aquello que la sociedad impone como un modelo de vida ejemplar.

Por más que quieras fingir que jamás he existido sigo aquí, agazapada en lo más profundo de tu interior. 

Continúo esperando pacientemente mi oportunidad para demostrarle a todas las personas que te rodean que, debajo de tu fría apariencia de hombre de negocios, yace una mujer impresionante, una que haría a todos voltearse para observarla con unos auténticos ojos de deseo.

Sé que me escuchas por las noches cuando salgo a atormentarte, cuando te susurro al oído lo bellas que nos veríamos con la nueva peluca con luces violetas que acabas de comprar a escondidas en la miscelanea, que estaríamos guapísimas con un llamativo labial rosa, cantando como locas alguna canción de moda en el bar de siempre, esperando por ser abordadas por algún hombre alto de grandes manos que nos sacuda por completo en algún rincón oscuro.

Aunque ahora sientas que la sociedad te condenaría por tus impulsos, no es justo que yo pague el precio para que sigas manteniendo en el anonimato tus actividades. 

Después de todo, también soy parte de tu personalidad y tengo derecho a que el mundo me conozca.

Entre más pronto lo aceptes, estoy segura que las cosas irán mejor para nosotros y dormirás más tranquilo por las noches sabiendo que has reconocido por fin tu verdadera naturaleza.  En serio deberías intentarlo para que podamos ser todas unas auténticas divas, como siempre nos hemos merecido ser.

No me niegues más, Armando Cisneros.

Besos tronados.

Atentamente, Yadira.


*Nacida en Veracruz, Ver, México. Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica. Lectora por pasión y narradora por convicción, ha publicado un par de relatos en páginas especializadas como Íkaro, Casa Rosa, Monolito, Melancolía desenchufada, Solar Flare, Teoría Omicrón, Poetómanos, Caracola Magazin, Teresa Magazin, Penumbría y Página Salmón.

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