Cuando los cuentos despiertan

Por: María de Lourdes Gamboa Venegas

Había una vez… ¡Hay no! ¡Siempre con había una vez, había una vez! ¿Por qué siempre empiezas así los cuentos mamá? ¡Ya cuenta el cuento! No me la hagas tanto de emoción por favor.

Luisne, debes de tenerme paciencia, cuando se cuentan los cuentos, siempre se empiezan con habí… -Luisne, un niño de 6 años, se levanta de su silla y le dice a su mamá- ¿Qué te parece que ahora yo te cuente un cuento?

Ana, se queda pensativa y recordando las recomendaciones de la maestra, de que le ayudara a su niño a fomentar su creatividad, le dijo, déjame sentarme en tu lugar y tu vente al mío. Cambiamos los papeles, cuéntame pues el cuento, -Luisne, se puso muy feliz- vio atentamente a su mamá y comenzó su historia

Erase, que se era -Ana le paro en seco y dijo – Es lo mismo que había una vez, -Luisme respondió – Es que esta frase me gusta, jajaja. Bueno, -se dispuso a comenzar- en una ciudad lejana a la de nosotros vivía un viejito como de 50 años, -Ana lo volteo a ver y le dijo- oye, esa es la edad de tu papá y no es viejito, yo casi la alcanzo y tampoco me siento viejita ¿Puedes ponerle un poco de años a tu personaje? ¡Hay mamá, nunca voy a comenzar por tu culpa! Rezongo el pequeño.

Bueno, bueno ¡Adelante con tu cuento! -Repuso Ana- Mamá, es que hace muchos años, en otra ciudad que esta lejos de aquí, vivía un señor que se parecía a mí, pero ya era muy mayor, es más, podría decir que ese señor era yo, en otra época y ya con familia grande.

Ana, se quedó pensativa, se dijo en sus adentros, que cuento tan raro, decidió no interrumpir a Luisne, este siguió su relato, en aquellos tiempos mamá, ese señor que se parecía a mí, tenía cuatro hijos y dos hijas, además de su esposa, él se llamaba Luis Noel, y ella Anella, sus descendientes ya no me acuerdo porque se habían ido desde chicos al norte, jamás volvieron a buscar a sus padres.

Anella, se había quedado ciega y Luis Noel, me ha dicho en mis sueños que ella era muy bonita, que tenía los ojos color cielo cuando ella podía ver, que eran los ojos más bonitos que él ha visto en su vida.

Anella y él se enamoraron y se casaron muy jóvenes, de hecho mamá, cuando me case espero que mi esposa también se llame así, A n e l l a, -Ana, que estaba muy sorprendida decidió intervenir y dijo – Oye, es que ese nombre es medio raro, nunca he escuchado que nadie se llame como el personaje de tu cuento.

En eso Luisne, voltea a ver a su mamá y le dice- mamá, tengo que confesarte que no es un cuento, te estoy contando mi otra vida, la que si me gustaba, la que me hacía vivir muy tranquilo con Anella, porque nos teníamos el uno al otro, mis hijos no me importaban tanto, porque por los conocidos sabía que todos vivían muy bien en el norte, que ellos se podían cuidar, sin embargo mamá, mi esposa no se podía cuidar y siento la necesidad de estar con ella y a veces de quedarme con ustedes.

Ya toda alterada por el cuento tan raro, le dijo a su hijo ¿Te acuerdas como se llama la ciudad en la que vivías? -el niño contento porque pensó que lo iban a llevar a su barrio dijo- Sí se llama Agua Blanca, esta por la autopista que lleva a Aguascalientes, -Ana se alteró todavía más cuando fue por su celular y verificó en el mapa que la ciudad de la que hablaba su hijo si existía, más aún, la calle y la casa, la que todavía era del color que mencionaba el niño.

Trato de calmarse y le pidió al niño que continuara con su historia, pues mientras buscaba en el mapa el lugar también había mensajeado con su marido contándole lo que estaba pasando en casa, que lo que comenzó como un simple cuento, se había convertido en algo raro, por las coincidencias.

A la salida del trabajo JuanPedro, el marido de Ana, decidió ir al lugar que su hijo decía, pese a que quedaba a dos horas y media de su trabajo, se aventuró a ir, cuando llegó al lugar, eran como las ocho de la noche, buscó una tienda, la que se viera más viejita y cercana al lugar referido por el mino, cuando vio una en medio de esta pequeña ciudad, se metió y comenzó a preguntar por los personajes que su hijo había contado en el cuento a su mamá, sorpresa se llevó, cuando el tendero le preguntó que qué era él de esa familia.

JuanPedro, luego y luego pensó una mentirilla, dijo, mi mamá era prima hermana de Anella y siempre me hablaba de ella, mi madre murió hace algunos meses y por recuerdo vine a ver si todavía vivía su pariente, – el hombre, cambió su expresión y le dijo- es una pena lo de su mamá; Anella y su esposo ya murieron, ella se quedó ciega muy joven, todos decían que era la más guapa del lugar y envidiaban a su marido. Sus hijos ni a reclamar la casa vinieron, esa casa esta en esta misma calle, solo camine tres cuadras.

Y sabe que, -continuo el don de la tienda- El esposo, creo se llamaba Luis Noe, ¡no, no, no! Se llamaba Luis Noel, me estaba comiendo la “l”,  jajaja, pues él vivió unos años, más, murió hace como seis años, exactamente….

JuanPedro, trato de disimular el asombro, que fue imposible, porque el don de la tienda le preguntó ¿Esta usted bien? Él respondió que sí, solo cansado, porque salió del trabajo y se fue a buscar a la prima de su mamá, -sin más le agradeció la información, le dijo que iba a caminar hacia la casa para conocer el lugar donde vivió Anella y salió lo más rápido que pudo.

Sentía el corazón todo alterado, pues la fecha de muerte de Luis Noel, era la fecha de nacimiento de su hijo Luisne. Caminó sin pensar hacia donde y cuando menos acordó estaba en la fachada de la casa abandonada de Luis Noel y Anella, sintió mucho miedo y regreso a su carro.

Ya de regreso a su casa, le dijo a su esposa que intentara dormir temprano al niño, porque tenía que comentarle lo que había descubierto, que no se preocupara, que en persona hablaban.

Ana se puso muy nerviosa, le dio de cenar al niño, que pronto se durmió y le dijo -mamá, no te preocupes, nunca te voy a dejar sola, solo quiero ver a mi esposa, mañana te cuento de mis hijos, ya me voy a dormir- Ana le dio un gran abrazo y salió de su cuarto.

Se preparó un té y al llegar su esposo, se contaron lo que supieron, se dieron un gran abrazo y decidieron que al siguiente día con la cabeza más calmada decidirían que hacer. Ana se dio un baño y se quedo dormida muy pronto, su marido no pudo pegar un ojo en toda la noche.

A la mañana siguiente, Ana abrió los ojos de golpe, empapada en sudor. La habitación estaba en silencio, demasiado silenciosa. Miró a su alrededor: no había juguetes en el suelo, ni voces infantiles en el patio, ni la respiración de JuanPedro a su lado. Solo ella, sola, en su cama.

Se llevó las manos al rostro, intentando calmarse. Todo lo que había vivido —el cuento de Luisne, la ciudad de Agua Blanca, la casa abandonada, la confesión de otra vida— seguía tan vívido que parecía real. Se levantó despacio, caminó hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua. El eco de sus pasos le recordó que no había nadie más en casa.

Por un instante, creyó escuchar la risa del niño en el pasillo, pero no había nadie. Solo el recuerdo de un sueño extraño que la había hecho sentir acompañada… y la inquietud de que, en algún lugar, esa otra vida pudiera haber existido. —Fue un sueño… —susurró con voz temblorosa— una pesadilla.

Dejar un comentario