Así no se puede

Por Flor de Liz Mendoza

Estimados guionistas:

Les escribo nuevamente pues veo con tristeza y decepción que han hecho caso omiso a mis anteriores catorce cartas en las que pensé que había dejado muy clara mi postura y la que creo comparten muchos televidentes a los que ustedes han decidido flagrantemente ignorar. 

No, así no se puede. Les he advertido previamente que no está bien continuar escribiendo esas historias que confunden y engañan al público ingenuo e ignorante que se cree todos sus cuentos de que la gente muerta se queda entre los vivos. No señores, ni cuarenta días, ni una novena ni nada de esas cosas raras. 

Claro que no es cierto porque entonces, a ver si muy entendidos, ¿qué pasaría con todos los muertos que están en esa situación?, ¿sí saben que cada día mueren alrededor de ciento cincuenta mil personas?, ¿pueden acaso imaginar lo enfermo y lúgubre de su pensamiento que afirma que los vivos caminamos entre los muertos, los nuestros y los de los demás?

Porque no me van a decir que, como en sus películas, ahí está una solita alma vagando y persiguiendo a su persona, familiar, amor no correspondido o qué sé yo. Todos tenemos ancestros que por una y otra causa ya no están en este mundo (Dios los tenga en su santa gloria). Solamente voy a ponerles un ejemplo para que vean que no exagero. Si en mi casa vivimos cuatro personas y cada una tiene su muerto que no se resigna a ir hacia la eternidad, entonces en realidad vivimos ocho. Y no es por exagerar, pero el espacio es muy pequeño. No puedo imaginarme entre toda esa gente. ¡Y con un solo baño! Y eso en el caso de que solamente tengamos uno por persona. Pero ¿y si fueran más? A mí por ejemplo ya se me adelantaron mis abuelitos, bellas personas, bien educadas, trabajadoras y honradas. Finísimas personas. Y así como eran en vida, no creo que se vayan turnando para cuidarme y acompañarme, si nada hacían el uno sin el otro.

Otra razón por la que eso que ustedes describen en sus películas es una tremenda falacia, es que no tendríamos privacidad, ni intimidad. ¿A poco creen que deveras, como en sus series, el fantasma se voltea para dejarnos vestir o bañar? No inventen. Si en serio estuvieran entre nosotros y, como según ustedes pasa, pudieran atravesar las paredes y ver todo lo que ocurre a su ser querido, entonces ¿cómo podríamos guardar secretos? Porque no me van a negar que todos tenemos secretos, que todos queremos tener este momento del día en que nadie nos puede ver, ni oír, ni oler, y que podemos hacer lo que nos viene en gana. Ah, pero qué si hubiera por ahí un fantasma de los que ustedes ilustran, ni hablar de eso. 

Y ¿qué pasaría, si fuera el caso, que me quisieran acompañar dos almas que en vida no se soportaban? ¿A poco creen que eso no iba a acabar en pleito y que otra vez iban a buscar perjudicar al otro o ganarse el favor del que todavía está vivo? Miren, por ejemplo. Mi tía Eduviges siempre estaba peleando con mi Abuela Teté cuando se trataba de cuidarme; que no le des la sopa tan caliente, pónle un suéter a esa niña que le va a dar un catarro, la verdad se parece más a mí que a ti, incluso, me quiere más que a mí. Ya me las imagino, una sentada al lado de la otra o yo entre ellas (todavía peor). No, así de veras que no se puede.

No. Y ni hablar de las figuras públicas, ya parece que Pedrito Infante iba a estar en las casas de todos sus fans, nomás para acompañar y dar consuelo a los que todavía lo lloran cuando ven sus películas (¡¡Torito!!). Tremendo error pues entonces ¿qué consuelo quedaría para los vivos?, ¿cuándo será que se pueda descansar así, en paz, sin tener que regresar a nada? De veras que se pasan ustedes.

Y todavía, valiéndoles una pura y dos con sal, hasta a los niños los involucran en eso. Que si son angelitos que de pronto fueron requeridos en las oficinas centrales del cielo, pero que están ahí (pobres almas cansadas) cuidando a los papás o a sus adultos de que nada malo les pase, asumiendo una responsabilidad que a todas luces no les corresponde, repito, no les corresponde.

En serio que me gana la desesperación porque no quieren comprender lo difícil que resulta dar crédito a lo que cuentan en sus programas. Y ahí está la pobre gente que no tiene más opción que seguir mirando sus historias llenas de mentira. ¡Pónganse en los zapatos del público o mejor aún pónganse en los zapatos de los muertos! ¿A poco ustedes iban a querer regresar a este mundo tan fregado teniendo la oportunidad de descansar de una vez y para siempre? ¿A poco iban a querer entrometerse en la vida de sus vivos para hacer nada?, porque como fantasmas no pueden mover nada, no pueden mostrarse a los demás, no pueden, no pueden. 

Esto no puede continuar, ya no sé a quién dirigirme para que tomen cartas en el asunto y asuman la responsabilidad de eso raro y engañoso que comparten sin mayores miramientos. Ahí tienen cuantas personas esperando y confiando en esas mentiras, y sufriendo junto con sus personajes la idea de vivir rodeados de muertos; además, ustedes los hacen ver como que puede haber de los buenos y de los malos, de los que tienen buenas intenciones y de los que no quieren nada bueno. ¡Cuáles almas perdidas ni qué ocho cuartos!

Y por si fuera poco no hay elección, o sea, nos quieren hacer creer que tenemos que aguantarnos a esta situación, que debemos aceptar cabizbajos que un muerto conocido o familia, nos acompañe, no podemos decidir si queremos o no esas compañías, no sean así, en verdad que es el colmo. Ni amuletos, limpias, exorcismos, nada pude mandar a los muertos (según ustedes y sus historias) de regreso a sus tumbas o a sus urnas, a menos que resuelvan sus pendientes con los vivos. ¿Y si no hay consenso? Más bien ¿cómo pueden alcanzar ese acuerdo o ajuste de cuentas cuando no pueden comunicarse directamente entre sí?

Sí les pido que sean serios y responsables en sus contenidos, que respeten al público y que no se pasen con sus temas, que no privilegien el tema de la fama y el dinero por sobre la verdad. Ningún nivel de rating justifica el uso de los materiales que ustedes transmiten, no nada más desde la televisión abierta, sino que incluso están inundando las plataformas de streaming con estas series, películas y telenovelas construidas sobre la base de la falacia que he intentado describir en esta carta. ¡Sean agradecidos con el público que decide sobre la suerte de sus historias!

Sin más por el momento y en espera de su respuesta (a ver si esta vez sí tienen el valor de responderme) me despido. También espero un cambio inmediato en la programación. Cualquier duda o comentario pueden escribirme a mi dirección que adjunto acá para que no haya pretexto (Panteón francés, cementerio 13, tumba 22).

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