LA UTILIDAD VELADA

A propósito del texto La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine

Por: Manuel Alonso Navazar*

Recuerdo que, cuando tenía alrededor de doce o trece años de edad, en una de las tantas excursiones que solía realizar junto a mi padre en busca de libros, adquirí uno cuya portada llamó mi atención. Tenía por título La isla de Arturo y estaba firmado por una escritora italiana de nombre Elsa Morante. 

Si bien ya había leído una buena cantidad de libros, puedo afirmar que fue ese el primer libro que me convirtió en un lector de oficio. Su historia – que me atrapó sobremanera – giraba en torno a Arturo, un niño solitario que vivía en una isla junto a su padre, casi siempre ausente, y su madrastra, una muchacha de carácter frágil y sumiso, y dueña, no obstante, de un magnetismo que llegaba a calar hondamente en Arturo. Este, de carácter irascible y difícil, va experimentando una serie de conflictos que lo encaminan hacia un mundo más abierto y realista, a diferencia de aquel mundo hermético e ilusorio al que su padre lo había acostumbrado. Fue esa la primera novela que leí, con personajes tan o más humanos que aquellos que conocía en el mundo real, en el que las personas acostumbran cubrir sus rostros con máscaras y en el que, por ende, son las apariencias las que suelen imperar.

Aquella novela de Morante fue el primer texto literario que me hizo cavilar en torno a la historia que iba leyendo, y que me mostró, sin velo alguno, la complejidad inherente a la naturaleza humana, aquel mar de aguas turbulentas que, aún hoy en pleno siglo XXI, tan solo conocemos en pequeño porcentaje. Hoy en día, sin saber todavía cuáles son a ciencia cierta, puedo asegurar que extraje de ese libro una serie de lecciones que repercutieron, en poca o gran medida, a moldear y definir mi mirada de la realidad, así como a dar forma a mi esquema de valores – el mismo que nunca es cerrado, sino que, creo yo, siempre está abierto a cualquier influencia -.

Nuccio Ordine (filósofo y profesor de nacionalidad italiana [1958]) exhibe en su libro La utilidad de lo inútil (Acantilado, 2013)que él adjetiva con el vocablo manifiesto – el modo en que actualmente las personas suelen concebir lo que llamamos beneficio, un concepto que, en un contexto en el que priman el afán de riqueza material y los mecanismos que sostienen el mercado, se ha visto restringido a la idea de que solo puede sernos útil aquello que nos brinda un bienestar de tipo material. De este modo, ocupaciones como la literatura, la pintura, la filosofía, y otras vinculadas al arte o al mero afán de conocimiento, sin justificaciones monetarias, han pasado a ser calificadas como prescindibles, viéndose, de ese modo, relegadas en favor del progreso de tipo económico.

Ordine pone en primer plano la palabra utilitarismo, la misma que yace vinculada a un mero interés de tipo monetario y que ha llegado a trastocar toda actividad humana en algo puramente mercantil. El hombre ha pasado a convertirse, así, en un simple productor de mercancías; una pieza de engranaje de un sistema en el que ya no tienen cabida aquellos ideales que no repercutan directamente en el desarrollo del progreso que el homo oeconomicus – que es como, irónicamente, llama Ordine al humano moderno – ha fijado como base de su pensamiento. De este modo dice, en la parte introductoria de su obra: 

En ese brutal contexto, la utilidad de los saberes inútiles se contrapone radicalmente a la utilidad dominante que, en nombre de un exclusivo interés económico, mata de forma progresiva la memoria del pasado, las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico y el horizonte civil que debería inspirar toda actividad humana. (p. 6)

Es así que, como sugiere el autor en el transcurso de sus reflexiones y de cada una de las anécdotas que expone para delinear de un mejor modo su postura, aquel horizonte de ideas ligado al enriquecimiento espiritual, de por sí desinteresado y gratuito, se ha visto condenado a un ostracismo del que solo se ve librado las veces que decide suscribirse también a aquel juego de ofertas y demandas que el mercado, cual gobernante fascista, impone a todo aquello que pretenda instaurarse en sus dominios. De ese modo, gran parte de la noción de arte que la sociedad actual suele concebir no sería más que un espejismo que, como bien lo dio a entender Mario Vargas Llosa en su lúcido ensayo La civilización del espectáculo, obedecería únicamente a ese afán elitista que el hombre moderno suele perseguir para dar luz, no a una interioridad con la que ya no siente conexión, sino a aquello que ha llegado a convertirse en su razón de ser más importante: la apariencia: “La literatura light, como el cine light y el arte light, da la impresión cómoda al lector y al espectador de ser culto, revolucionario, moderno, y de estar a la vanguardia, con un mínimo de esfuerzo intelectual” (Alfaguara, 2012, p. 30). 

Es aquí en donde cabe hacer mención a una paradoja percibida por Ordine y que no deja de ser importante. Él se cuestiona por qué el arte, si es visto hoy en día como algo prescindible e innecesario debido a su aparente inutilidad, es lo primero que el hombre tiende a destruir cuando ve amenazados sus intereses, como si inconscientemente supiera del poder que realmente tiene – Hitler, por ejemplo, mandó quemar centenares de libros que llegó a concebir como riesgosos para la consolidación de su poder en el contexto de la Alemania nazi -.

Todo esto nos obliga a repensar la importancia del arte, o, si se quiere, de aquellas manifestaciones gratuitas y desinteresadas que nacen simplemente de un impulso natural de expresión y que, muchas veces, suele obedecer únicamente a esa necesidad tan humana de liberar aquellas dudas existenciales y cuestionamientos que no hallarían forma material por medio de otras vías. 

De este modo, lo inútil, en Ordine, no debe ser entendido de manera textual, sino como un vocablo sarcástico que hace referencia a la vacuidad de la noción de utilidad que las personas conciben en el contexto moderno. Al calificar a las artes como ocupaciones inútiles, Ordine expresa realmente todo lo contrario, pues sabe que realmente no hay nada más útil que aquello que el arte y la literatura, en especial, nos puede brindar. Así, Ordine plantea una paradoja subyacente a nuestra sociedad: lo realmente inútil llega a ser todo aquello que el hombre considera como útil.

Las distintas manifestaciones artísticas no son, entonces, algo inútil de por sí. Es el hombre el que las ha convertido en inútiles porque privilegia otros aspectos que cree más necesarios para preservar la vida. Aspectos que han sabido hacerse notar como recursos vitales, manipulando a voluntad las acciones del hombre y, con ello, alterando a su antojo las estructuras que sirven de base a la sociedad. Esto último ha conllevado a que dos instituciones que, en teoría, deberían ser ajenas a las cuestiones propias del mercado; a saber: las escuelas y las universidades, también hayan sido manchadas con esa peligrosa noción de beneficio que ha tenido como consecuencia, a decir de Ordine, la supremacía de la quantitas sobre la qualitas, y que, asimismo, ha generado un rechazo por aquellas ocupaciones que no tienen como fin primordial la obtención de riquezas materiales.

En una conferencia que dio en España hace unos años, Ordine dijo, aludiendo a lo mencionado líneas arriba, lo siguiente: 

Yo pienso que existen cosas que están protegidas del utilitarismo; que están protegidas del dinero, de la lógica del beneficio. Estas cosas son la escuela y la universidad. […] ¿Cuál debería ser la función de la escuela y de la universidad? Debería ser la de cambiar la vida de los estudiantes. A los profesores ya no nos piden que cambiemos la vida de los estudiantes. Solo nos piden que los licenciemos, que demos diplomas.

En esa misma conferencia, a propósito de una pregunta que le hiciera uno de los asistentes en torno a la lectura de los clásicos, mencionó: “Los clásicos nos hacen comprender no solo el mundo en el que vivimos, sino que nos ayudan a comprendernos a nosotros mismos”. Ya en Voltaire podemos ver una concepción similar del arte y de la literatura en específico, vinculada al poder de transformar de manera positiva la vida de un hombre. En su relato El ingenuo, publicado en 1767, el personaje principal, un joven de tendencia salvaje e inculto – mas, no por ello carente de astucia – experimenta la mejora de su espíritu en el tiempo que pasa encerrado en una prisión junto a un anciano sabio que se convierte en su amigo y mentor, y que lo adentra en la lectura de los clásicos. Tal vez ello, visto con ojos de hoy, podría ser calificado como una propuesta ingenua y simplona – se sabe que la ignorancia no tiene por qué ser sinónima de salvajismo, del mismo modo que el conocimiento no asegura que alguien sea una buena persona -, pero lo importante en este asunto es el hecho de que ya, desde los ilustrados, el conocimiento desinteresado y gratuito ha sido visto como un acto de poder. No aquel tipo de poder vinculado al dominio que unas personas ejercen sobre otras, sino al que opera en torno a uno mismo, enriqueciendo nuestra mirada del mundo y de la vida.

La literatura – y el arte, en general – es, entonces, un espejo en el que podemos vernos reflejados sin tapujos y en el que, por ende, podemos vislumbrar nuestras carencias. Precisamente es este un factor indispensable que la sociedad actual no puede darse el lujo de ignorar, pues, de lo contrario, el afán de riqueza material puede llegar a erigirse como el único fundamento que le dé razón de ser, avalado por aquellos que conforman esa masa, cada vez más creciente, que le rinde pleitesía.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DIGITALES:

1. Ordine, Nuccio. 2013. La utilidad de lo inútil. España. Acantilado.

2. Vargas Llosa, Mario. 2012. La civilización del espectáculo. Madrid. Alfaguara.

3. Ordine, Nuccio. [Aprendemos Juntos]. (2019, marzo 04). Versión Completa: La utilidad de lo inútil en nuestra vida. Nuccio Ordine, profesor y escritor [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=co_F_zYqnEQ.

*Manuel Alonso Navazar (Lima, Perú – 1985). Estudió la carrera de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Algunos de sus relatos han sido publicados en diversas revistas, como “Ibídem” (México), “El Narratorio” (Argentina) y “Molok” (Perú). Uno de sus cuentos fue seleccionado para integrar la antología Ecofuturismo (Speedwagon Media Works. Lima. 2020), y otro, la antología Desde mi ventana, (Fundación Amares. Chile. 2020). Posee un blog virtual titulado Anotaciones de un bibliófilo en el que suele publicar artículos de contenido literario y artístico en general.

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