El libro de la selva de Rudyard Kipling

Por Tishbe Durand*


Rudyard Kipling es conocido por su trabajo literario en especial por su personaje Mowgli. Este niño lobo aparece referido en dos de sus obras:  El libro de la selva, 1894 y El segundo libro de la selva, 1895. La historia de Mowgli es considerada un clásico, no solo por las adaptaciones de cine que se le han hecho a la obra, sino porque todos al escuchar El libro de la selva nos viene a la cabeza la imagen del niño que creció con los lobos. El autor fue galardonado con el premio nobel de literatura en 1907 por su extenso trabajo literario caracterizado por traducirnos el lenguaje de los animales.

El libro de la selva está compuesto por 7 cuentos, los cuales están acompañados, respectivamente, por 7 canciones. Estos versos nos cuentan el aprendizaje o recorrido de los personajes. En su mayoría se habla del niño que creció con los lobos, sin embargo, hay otros cuentos en los que este famoso personaje no aparece. Tal es el caso de “La foca blanca”, texto que está lejos de la selva, puesto que se sitúa en la antártida. El cuento nos deja reflexionando sobre el desplazamiento de las especies provocado por la caza de animales. Dicho tema lo conocemos a través de Kotick una foca preocupada por la temporada de caza, así como también, por la pasividad de su manada ante este problema. Pareciera que las demás focas observan con naturalidad que las están matando, como si fuera un destino que no puede ser alterado.

Kipling traduce a los animales, nos explica y describe cómo son sus movimientos, cómo hablan y, sobre todo, cómo se organizan. Esto es algo a destacar. Kipling traspasa una idea de jerarquía social y ordena a los animales a partir de ella. En la selva no hay solamente presas y depredadores que estén en una lucha constante por sobrevivir. En ella impera la “Ley de la selva”, la cual debe ser respetada a toda costa. Para que esta ley se cumpla está Akela, el líder de la manada Seeonee quien se encarga de que este código de comportamiento. Sin embargo, las decisiones que competen a la selva se toman escuchando las opiniones de todos los animales.

Un tema recurrente en el libro es la lealtad. Este sentimiento permea en la obra, no sólo en el compromiso que sienten todos los animales por cumplir la “ley de la selva” sino por la fidelidad que tienen ante su especie. Cada uno de los animales saben quienes son, qué deben de hacer y no pueden dejar de hacer porque su instinto se los impide. Ejemplo de esto, es el cuento Rikki- Tikki -Tavi donde una mangosta que vive en el jardín de una casa mata a un nido de serpientes que busca entrar y adueñarse de ese lugar. En un principio se nos plantea la idea de que la mangosta quiere matar a las serpientes por proteger a la familia que vive en la casa, pero conforme va avanzado la historia se nos comienza a mencionar que no, que la mangosta quiere terminar con el nido de serpientes porque las mangostas comen serpientes. Su instinto no la dejará en paz si las deja pasar a la casa y sobre todo porque si ellas logran adueñarse del lugar, ella tendrá que irse. Al final es una pelea por el territorio.

Otro aspecto a considerar sobre El libro de la selva, es el tema de la identidad. Como ya se mencionó, en los cuentos todos los animales tienen claro qué son, quiénes son, qué deben hacer, pero uno de los personajes del libro no lo sabe, este es Mowgli. Por un lado es criado por los lobos, pertenece a la manada y a la selva. Tiene un lugar en ella desde que Bagheera ofreció un buey a cambio de que Mogliw no fuera expulsado o comido por Shere khan. Como a todos los cachorros de lobos se le enseñó la “ley de la selva”, pero Mowgli es diferente, él puede memorizar la “ley de la selva” completa, no sólo la parte que se les enseña a los animales de acuerdo a su especie. El niño es noble, respeta a todos los animales a pesar de saber que al crecer será un hombre y que ellos cazan por placer.

El dilema que se plantea Mowgli a lo largo del libro es: a qué debe hacerle caso, a lo que aprendió con su manada o a lo que es y se convertirá, en un hombre. Kipling no lo pone tan fácil. Al momento de que Mowgli va a la aldea de los hombres, este se da cuenta de que dentro de ellos hay una serie de supersticiones ante la selva, que los llena de miedo y les impide ver y conocer el mundo tal cual es. Esto es distinto con los animales de la selva. Ellos ven a los humanos como son, no les ponen un filtro y entienden que algunos de sus actos, como matar a los animales, es por mero placer. Esto los diferencia, hace a los animales mucho más dignos que a los hombres. Aquí Mowgli no encaja y aquí Kipling es sumamente criticado por tener una postura racional ante el pueblo indio que es el que está referido en su obra.


*La autora es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Siempre se ha interesado en los temas literarios, lo cual la ha llevado a investigar sobre ellos. Actualmente se dedica a la docencia impartiendo clases de literatura, con el fin de poder compartir un poco de su gusto por los libros a sus alumnos.

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