Por: Julio César Aguilar
¡Qué bonita es Maya! Callada
estrella brillando y silencio taciturno.
Abre ella la noche
cuando llega la lluvia.
Lleva en su rostro
esta muchacha el fuego
que hace encender la luna, y aun
el mismo sol de las mañanas.
Maya es risueña
y su sonrisa habla, y no se sabe
qué brillo hay en su mirar
que cuando ella está todo el entorno
se ilumina. La luz viene del sol
filtrándose por los vitrales, y Maya
de dónde más sino desde su gracia alegre.
Tan hermosa es Mayahuel como un cálido amanecer
en la playa, o quizás como los crepúsculos
de Zapotlán
encendiendo la laguna.
Cuando ella sonríe, los pájaros bajan a verla.
Maya debería llamarse
ese afable fulgor del que fascinado la mira.
