Alma de músico derrotado

Por José Luis García Herrera*

Bajo una llovizna de agua helada, mortal

(con el soborno de una palmada en la espalda

que confirma que sólo somos héroes de barro;

con el camino plagado de promesas rotas)

la gloria y la derrota se funden en el adiós

a esa mujer misteriosa de rímel y leyenda

que viaja en un tren de medianoche

que quizá jamás llegue a Manhattan.

Bajo los arcos de las grúas de los muelles,

ensayando con la voz los acordes de la bruma,

camino hacia las ruinas de mi alma sombría

ocultándome de los daños del amor;

de la terrible certeza que agiganta las olas del invierno

y reparte ecos de sangre por las calles mojadas

donde mis pisadas ahogan mi soledad de náufrago.

Me detengo ante una gaviota muerta

(subido el cuello de la gabardina,

ocultando mi aliento de ginebra).

Me daña menos su rígida quietud que mi quebranto,

que mi lento ocaso de músico sin suerte

abocado a ser mero espectador de los crepúsculos.

A lo lejos, suena la bocina de un barco.

Muy cerca mi sollozo de amante abandonado.

Las olas llegan mansamente a mis zapatos,

describen el ahogo ronco de un saxo confidencial,

la barrera que impone mi seudónimo en el Lady Bird,

las décimas de segundo de gratitud que despliega

el arco sensual de una sonrisa femenina

—dibujada con carmín rouge en mi camisa

que libera en mi memoria una ardiente pasión

entre columnas de humo y alcohol en largos tragos.

Empapado de derrota busco mi hombría

en la sucia barra de los últimos bares.

Una moneda al aire dictará mi fortuna

y sabré si un día, en busca de esa mujer fatal,

tomaré ese tren fantasma de medianoche

que quizá jamás llegue a Manhattan.

Actuaré para un público ajeno a mi música,

para mitigar el dolor de un amor clandestino

que no supe defender a sangre y fuego;

como castigo que me impongo frente al micrófono

y fusiono con la clave precisa

para brindarle a la música su dosis fiel de blues,

su racimo de agrias uvas machacadas

y su cascada de lágrimas pendientes de limosna.

Ocurra lo que ocurra

me dejaré atrapar en la red de los engaños,

con el único consuelo de un saxo tenor: amigo

al que le debo la vida después de cada noche

sorteada con la fiebre de mi edad sin sueños.


El autor es Poeta, narrador y crítico literario. Miembro del grupo cultural Versikalia. Fundador de los premios literarios “Ciutat de Sant Andreu de la Barca”. Ha publicado 24 libros de poesía.

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