EL CANTAR DE LOS CICLOS

Obra en un solo acto

Por: Hugo Israel López Coronel*


Personajes:

Sandra

Olga

El hombre


(El escenario a oscuras. Una habitación. La voz de Sandra entonando una melodía. Soledad, Soledad. Cómo me miras desde los ojos de la mujer de ese cuadro. Cada día, cada día, cómo me miras… La luz de un cigarrillo. Prende una lámpara. Sandra sentada de pierna cruzada de perfil al escenario).

Sandra: (Estira la mano derecha y mirándola) Sin duda alguna, una estrategia interesante es el de las emociones. (Pausa). Un tema que se inició en trabajo de terapia sistémica hace apenas algunos años atrás.(Pausa) El plano de lo emocional había estado relegado. (Ríe. Pausa) ¡Se debe ser mujer! ¡Nunca hay que olvidarlo! (Pausa. Vuelve a fumar. Se pone en pie y cavilando palabras). Las primeras investigaciones tomaron en cuenta este aspecto; las de Andrómeda; luego se sumaron también las de Medea, quien desarrolló el concepto de nutrición emocional; las aportaciones de Elena y su Troya; Cleopatra y el imperio de sueños para su descendencia; ¡ah, claro!, imposible pasar por alto a Madam. (Pausa. Ella continúa fumando en estado de reflexión).

Olga. (Aparece en escena abrochándose un vestido largo. Frente a Sandra gira el cuerpo haciendo alarde de su vestimenta, ríe. Se detiene y en actitud de regaño).

¡Te dije que no usaras demasiado medicamento! Tuve que maltratarlo. (Suspira, con tono de nostalgia y dirigiéndose a Sandra). ¿Qué sabes de él?… ¿Por lo menos dijo algo?… No sé… aún me pregunto si es que no extraña mis brazos… como cada noche, y entonces la luna desde la ventana y su cuerpo sobre el mío… sus hermosas piernas como tenazas entre las mías y su lengua sacudiéndome desde el vientre, sus largos brazos, fuertes y su cabello ligero sobre mis dedos… Partió después del primer parpadeo… Imaginó las avenidas como ríos espesos, con sus burbujas flotando, con sus rostros neón… Vagos resquicios quedan cuando se abre la cubierta y el viento nuevo invade hasta la última habitación. (Se había ido encorvando, gime)

Sandra. (Después de observarla en silencio, pone el resto del cigarrillo a un lado y delicadamente junta los dedos de sus manos transitoriamente frente a su rostro. Con tono irónico) ¿Cómo se analiza el plano emocional desde la jerarquía del rango cognitivo, si también soy una mujer? (Pausa). Las emociones son fenómenos psicológicos, (se lleva las manos a la cabeza) igual que los pensamientos y las conductas. Tienen la particularidad de que están, como todos los fenómenos psicológicos, llenas de significado y hay que entenderlas como un fenómeno que tiene que ver con el significado. (Pausa. Se levanta del asiento) Si yo tengo que abrir las piernas en público empiezo a sentir determinadas emociones, (Aumenta la intensidad en el tono de voz, haciéndolo más veloz e intenso) eso no es independiente del significado que le estoy dando a tal situación. Puede pasar por un pensamiento o no; el significado que le estoy dando es otra cosa, no es lo que estoy pensando. (Disminuye el tono intenso) La idea esencial, es que en primer lugar, las emociones tienen que ver con el significado; la segunda, es que cuando las emociones son muy intensas tienen que ver con significados de alto valor en la estructura, es decir, significados que tienen que ver con la identidad, a estos los llaman códigos nucleares que sirven para seguirme sintiendo yo, quien soy. (Pausa. El tono se vuelve sereno) Cuando esto está afectado para mal porque se ve amenazado o para bien porque resulta que me siento expandida en mi sentido de identidad; por ejemplo, cuando amo o tengo emociones positivas, el tipo de fenómeno psicológico que vivo es de tipo emocional…

Olga: (En un movimiento rápido se incorpora) Aunque reconozco, al principio debía sacudir la cama; y no lo sé… (Pausa) El tiempo transcurría, y él, me concedió un poco de su espacio… debía a veces que forzar los encuentros… (Pausa. Una tenue sonrisa y tono cariñoso) La vida, es una simple marioneta que teje redes incontables, redes para antifaces que emergen de la luz, del traspatio de los huesos de hoscas representaciones inconscientes… La vida, es un valle repleto de follajes, con ríos perennes por el mito del ciclo del agua… Me pidió que nos hiciéramos novios… (Pausa. Tono melancólico) Me extraña que no dijera nada… después de todo, había que llenar el espacio entre los brazos…

Sandra: (En tono firme, dirigiéndose a Olga) Las emociones son muy importantes, porque están directamente conectadas con lo que es nuclear en la estructura cognitiva y además normalmente estas estructuras son tácitas, es decir, escapan fácilmente a la verbalización adecuada. (Pausa, tono reflexivo) Por lo tanto, muchas veces la única forma de acceder a las estructuras cognitivas más nucleares es a través del afecto y las emociones. (Pausa, toma asiento) Cuando un ser humano transita por afectos profundos… es allí donde se desencadenan los elementos más arcaicos de la personalidad. La persona puede manejar más disociadamente sus actitudes, cuando no hay una conexión emocional muy profunda. (Pausa, con tono firme) Claro, porque la parte más emocional se implica cuanto más involucrada se está en una relación. (Pausa. Cambio de estado. Su posición es la de un observador).

Olga: (Recupera la postura y acomodándose el vestido, el cabello, toma un todo afirmativo, firme)Creo que no debiste ponerle demasiado medicamento. Lleva casi dos días delirando. Apenas puede responder… (Ríe) Sí. Alguna vez lo vi espiar desde la ventana. Su porte, honestamente fue lo primero que me atrajo. Usaba el chaleco gris (Entrecruza los brazos. Tono agitado) Me citó a un lado del parque, y probé sus labios. Empezábamos a querer volar. (Pausa. Se acerca hasta Sandra y le muestra una pulsera). ¡Mira! La compró en el bazar que se pone en el parque los domingos. Yo nunca me detenía cuando en la calle encontraba puestos y cosas de esas. (Pausa. Tono serio) En casa nos cerraban las ventanas para no decir adiós a nadie. Ya buscaba la forma de pensar la vida como acto simple de reproducción. (Tono irónico). La ventaja que tiene ser práctica, es que no te haces dependiente ya de ningún amarre, (pausa) pues, me permite hacer de mi vida lo que me parezca, y ante la familia también, sin tener que cambiar de modelo… y lo mismo ocurre con mis fluidos personales, y más aún, de llantos familiares. (Ríe y empieza a bailar dando lentos giros) En este punto la pieza clave es la interacción. El ser recatada no debe desterrarse, sigue siendo útil. Ese es el problema que tuvo Eva cuando miró por primera vez… (Tono suave, embelesado)  más allá de la cintura… más allá de la piel… (Pausa. Con tono aseverativo) Se me ocurre que podemos decir que nos llamó, hizo cita para el trabajo pero nunca llegó.

Sandra: ¡Eso es estúpido! ¡Quién nos lo va a creer!

Olga: ¡Pues algo habrá que decir! Lo vieron salir de aquí la otra noche. ¡Carajo!, pudiste llevarlo a otra parte…

Sandra: Quizá. Pero qué quieres, cuando la presa cae cualquier lugar es bueno. El depredador sólo cumple la función.

Olga: Estaba ahí… su cuerpo, la habitación vestida de olores, cerca de mí… Sus párpados confundidos con las luces hablaban de lo cotidiano… (Con tono familiar) la fauna es normal, bestias flotando en el aire comprimido de muchos suspiros… (Extrañada) ¿Nos recuerda algo?

Sandra: (Ignorando a Olga) Quizá…

Olga: Había pensado en una vereda entre las copas frías del bosque. (Llega hasta Sandra) Mi ropa sucia, sintiendo el silbido fugaz del llamado a fin de existir, y entonces soy la fuerza del huracán, y en mis manos está el poder de darte lo que necesitas…

Sandra: (Se pone en pie) Sabes que lo quiero a él.

Olga: ¡Sí, y por eso te lo he traído! ¿Acaso no te das cuenta? A veces también me dijo lo mismo… de no hacer los instantes desechos no habría compasión, reconciliación, y el movimiento que provoca es el viento de muerte y renacimiento. 

Sandra: Me quedaré con él.

Olga: (Permanece algunos instantes en silencio, con tono sereno) ¿Te ha dicho algo? Yo renuncié a su amor por ti, por qué sigues matando este amor. Por qué…

Sandra: Sabes que no será para ti. Y nadie será para ti.

Olga: ¡Lo has visto!, ¡Has visto también su rostro!

Sandra: ¿Qué querías? Pedía agua a gritos, tuve que dársela. Además no cesaba de quejarse y eso a mí me pone nerviosa.

Olga: Entonces de qué sirve. (Llegando a la esquina de la habitación, quita una manta que cubre a un hombre. Él está amordazado) Dime, de qué valió que me haya entregado a él si ya lo has visto. Donde compartimos y trazamos diferencias… exactamente, ahí es donde ocurre todo: en la interacción. Lo que sucede es que la interacción no se puede analizar. Comprende, yo te necesito y tú a mí. Pero también lo necesito a él… estoy segura de que si lo platicamos podremos llegar a un arreglo…

(El hombre se mueve, dejando escapar algunos gemidos. Empieza a volver en sí)

El Hombre: ¡Ahhh!

Sandra: ¿Y luego? Todo arreglado. Y aparentar que aquí no pasa nada, que somos una familia común y corriente. ¿Cómo me vas a presentar en los negocios? Seré… tu amiga, o… tu prima… quizá tu socia o la amante de tu marido.

El Hombre: Ahhh… Por… favor.

Olga: Ayer soñé contigo… ¿Recuerdas a Ricardo? Él nos cruzaba la intemperie en el justo momento en que eclosionaban las nubes, y el cometa activaba las luciérnagas con los susurros como lluvia de jirones… Era sencillo entonces verter las manos en las tuyas, nadie pensaba en el nácar de los valores. En la sonata que se canta antes del amanecer… Los de antes habían puesto un primer nombre; lo llamaron El Ciclo, tan simple, y escaso de seudónimos que distrajeran la imagen de la mirada propia, después de colocar la huella tras la oscuridad que cede a los brazos del día…

Sandra: Y yo recordaba antes de dormir cuando nuestras vidas eran como marionetas… ¿Lo recuerdas? Era sencillo abrir las piernas para dejar que los ríos fluyeran. No eras nadie sin mí. Has creado el canto gracias a mi voz, has hecho cornisas para respirar las estrellas con el sentido de mis ojos, te he dado mi piel para que escuches la lluvia y has visto danzar al viento desde mis oídos… (El hombre se mueve volviendo en sí).

El Hombre: Por favor. Déjenme ir. Por favor.

Sandra: Sí, recuerdo a Ricardo. Sobre todo sus hermosos ojos negros. Fue una lástima tener que romperle el corazón.

El Hombre: Por favor…

Olga: Yo, aún siento su pecho junto al mío.

Sandra: ¡No me lo recuerdes! Esa mañana lo vi mirarte desde la ventana con mucha sospecha. No iba a permitirle tanta insolencia.

El Hombre: Por favor. Desátame. Déjenme ir…

Olga: (Se acerca hasta él y acariciándole el rostro) Tranquilo.

El Hombre: ¡Tú me trajiste hasta aquí! ¡Tú fuiste la mujer del bar con la que estaba! ¿Por qué? ¿Por qué…

Sandra: Así que lo admites. Me habías dicho que no había más mujeres; sólo yo.

El Hombre: No sé de qué hablas, tú no sabes nada de mí… (La mira fijamente) Claro… Ya te recuerdo… En la feria del Barrio… Hace un mes… Te fuiste al amanecer y me dejaste dormido, no supe más de ti… sólo encontré la nota que decía… (Extrañado) hasta luego.

Sandra: ¡Ah! Ya me recuerdas. ¿Y recuerdas tus palabras? ¿Y todos los amaneceres entre tus brazos, y que yo sería la única mujer en tu vida?

Olga: (Se pone en pie bruscamente) ¡Maldito seas! (Da un puntapié)

El Hombre: (Mirando a Sandra). ¡No espera!, ¡espera, mira, por favor… no era mi intención, en verdad… Ahora comprendo… Ahora, ahora recuerdo aquel encuentro, y tu suspiro… entiendo que no era yo el que consolaría sus noches frías… que no sería la marea que sube hasta su pecho para acariciarla con la arena… y la brisa temprana en días de verano… Por favor, déjame explicarte, no entendí en ese momento, pero ahora… si tú me dejas… (Interrumpe bruscamente Sandra).

Sandra: ¡Calla!, no permitiré que me faltes al respeto. (Una carcajada) ¿Quién te has creído?, (señalando a Olga) ¿en verdad habías pensado que con unas cuantas caricias podías superarme?… Ahora sólo dormirás para mí, para soñar lo que yo querré soñar, ¡pobre de ti!, ¡pobre loco, desafías las leyes de los que siempre hemos sustentado la razón!, ¡Nosotras la hemos creadoooo! ¡Entiéndelo!, no podrás hacer nadaaaaaa.

El Hombre: ¡No, no, no, espera!… Espera. Ella debe irse, y lo sabes… ahora te lo digo… debes entonces preguntas porque te han dado respuestas… y crees que callas porque los demás callan… hay un zumbido que atrae la gravedad del mundo y enrojece con la luz de la luna… Aquella noche tu rostro era sereno y te miré… y busqué en tus labios las gotas de licor, los verbos de la habitación… la página de una escena que alguna vez contaste… y la calle no era desierta porque… porque mis brazos te ayudaron a cruzarla… recuerda, había neumáticos y humo, postes simétricos y pisos planos… alguna vez, alguna vez dirás que tomé tus manos a pesar de saber que tocarán a su puerta… y te irás para espiar como el aire por la ventana con el día que aún no muere… y volverás el rostro y todo seguirá igual. El reloj comienza su marcha y ella… ella, ella no estará… Sólo desátame, por favor, desátame. 

Sandra: (Suelta una carcajada y dirigiéndose a Olga) ¿Qué me decías? ¡Ah, sí, sí!, sólo es cuestión de platicarlo, verdad Olga. (Continúa riendo)

Olga: (Llega hasta una mesa y sirve un vaso con agua, da un trago y llega hasta el hombre y voltea el resto en la cara del hombre. Con voz inquisitiva). ¿Por qué, por qué, por quééé?… (Entre sollozos)  Te pudrirás en el infierno.

El Hombre: ¡Qué te pasa! (Mueve el cuerpo tratando de desatarse). ¡Suéltenme carajo! ¡Suéltenme! (Continúa sacudiéndose, tratando de liberarse.

Sandra: Tranquilo, sólo es pasajero. Ya te acostumbrarás a nosotras, es cuestión de ponernos de acuerdo, ¿verdad Olga? (Una risa irónica)

Olga: ¿Por qué? ¿Por qué me haces esto? Sandra, yo soy honesta contigo. ¿Por qué insistes en hacerme sentir mal? (Se hunde en llanto y se desploma al piso)

Sandra: ¿Por qué? ¿Por qué me haces esto? (Lo dice para sí misma, demacra el rostro. Pausa. Repone la compostura y se acerca hasta Olga, la consuela. Le pone una mano sobre la cabeza) Tranquila… (Volteando a ver al Hombre) Aún me miras desde los ojos de la mujer de ese cuadro. (Pausa. Dirigiéndose a Olga) Sabía que si no actuaba, cometerías la tontería de irte con él. Lo sé, eres honesta conmigo… y yo también. No es necesario forzar los instintos. Te comprendo. (Voltea a ver al hombre y lo mira fijamente, dirigiéndose a él). ¿Recuerdas la tarde lluviosa? Tú me extendiste la mano para poder cruzar la avenida. (Llega hasta él y acerca su rostro al suyo) Y yo te lo reconocí por mucho tiempo porque gracias a ti pude hacer que Olga no se fuera de mi lado. Le gustas mucho, pero nunca podían coincidir. ¡Y mira! Tenías que echar a perder todo.

El Hombre: Por favor… déjame ir. Yo no sabía nada… y sí… alguna vez te juré, pero déjame explicarte todo. Aquella mañana no te encontré y… no imaginé más nada, no sabía ni tu nombre. Además, ella fue la que se me ofreció…

Olga: (Desde el piso) ¡Es mentira, mentira! (Golpea el suelo con el puño).

El Hombre: Yo no quería nada, pero ella me insistió…

Olga: ¡No, no es verdad!

El Hombre: Me dijo que ya no había nadie en casa, y me sonrió…

Olga: ¿Por qué, por qué no dices la verdad? ¿Por qué…

El Hombre: Me llevó hasta su cama después de algunas copas…

Olga: No. ¡Es mentira!

El Hombre: y luego sus brazos, su cuerpo… (Dirigiéndose a Sandra). Yo correspondí con una sonrisa también… y ella, ella sólo se dispuso a desnudarse… y colocó su cuerpo sobre las sábanas reinventándose en la forma en como me miraba.

Olga: ¡No, nooo!

El Hombre: Me hundí, caí profundamente hasta alcanzar su vientre, mis labios frenéticos invadieron su cuerpo… ella alentaba mi deseo, sus piernas y brazos me apresaron…

Olga: ¡No, no es verdad!

El Hombre: Y luego, luego… no recuerdo más.

Olga: ¡No, no es verdad! No… (Se desploma y estalla en llanto).

Sandra: (Regresa al sillón y enciende un cigarrillo. Da una profunda bocanada y con el semblante alegre) Y entonces. ¿Qué haremos?

El Hombre: (Dirigiéndose a Sandra) Suéltame por favor.

Sandra: (Con ironía, desde su lugar). Sí, claro que te dejaremos ir, ¿verdad Olga?

Olga: (En llanto mirando al hombre) No, no por favor, dime que no es verdad.

El Hombre: (Dirigiéndose a Sandra). Me iré y no diré nada… No acudiré a la policía, ni me volverás a ver nunca más, pero por favor suéltame. (Sandra se mantiene inmóvil con la cabeza reclinada fumando, el Hombre intenta desatarse moviéndose bruscamente).

Olga: (Recobra la cordura) Sí, tienes razón. (Mirando a Sandra. Es sólo cuestión de conexión. Te conozco perfectamente… ¿Cómo dices que se analiza el plano emocional desde la jerarquía del rango cognitivo, si también soy una mujer? (Pausa. Se pone en pie).

El Hombre: (Dirigiéndose a Olga, con tono sutil) Ven, acércate. Ven, ven hasta mí. Ven… (Ella se acerca lentamente hasta quedar frente a él). Ven… Mira, yo sé que estás molesta… pero no es lo que te imaginas… Déjame demostrarte que las cosas pueden tener otro sentido. (Ella se ha ido agachando hasta llegar a su rostro) Hay formas de arreglar todo, e intentar conocernos realmente. (Él casi tiene la cara frente a la de Olga. Con tono convincente) Desátame y yo te llevaré a donde quieras… (Pausa. Se miran fijamente uno al otro). En algún momento fuimos sinceros… y yo lo fui, te lo juro. (Olga da vuelta al rostro en actitud de análisis, él acerca su rostro hasta el oído de Olga). El nexo existente entre nosotros nunca ha estado roto… aún se manifiesta en el movimiento de las cosas… (Con tono confiado) ¿Recuerdas?… Qué de mí después de ti, (Olga sonríe) después del aire, la luz, el centro del mundo… Qué de si tu nombre estos pinceles, este lienzo y estas formas…

El Hombre y Olga: (A dos voces). Qué del trazo que ya no tendré cuando amanezca…

El Hombre: (Tono firme) El universo es mío, déjame regalártelo en cada despertar. (Olga se relaja lentamente) Viajaremos como la luz, como la suavidad eterna de la primera vez… (Tono suave) Seré para ti, eternamente. (Olga voltea el rostro hacia el hombre, su semblante es pasivo)  Y habrá mares con tu nombre, y cielos inmensos que sembrarán tu mirada en cada centímetro de la superficie y este suceso influirá en nuestros destinos… (Olga acaricia el rostro del hombre) Has nacido para mí… Nos alimentaremos juntos; como en un principio, daremos esencia a todas las cosas, a cada impresión, a cada silencio que creemos y a cada forma de existencia… (Ella acerca los labios hasta los del hombre) Sólo tienes que desatarme…

Sandra: (Desde su lugar. Con tono irónico) ¿Y qué dirás después… que es una golfa? (Ríe, dando la espalda). ¿Realmente crees que la convencerás? Estuve cuando llamaste a casa, (hablando al hombre. Se pone en pie). No contesté, es la verdad…

Olga: ¡No es verdad! ¡No!

El Hombre: (Con tono suave, dirigiéndose a Olga) Déjame demostrártelo. Déjame mover las manos… hubo un altar, yo lo construí. ¿Sí lo quieres…

Olga: (Intentando refugiarse en el hombre. Con tono de súplica) ¡Dime que nos es verdad! ¡Dime que realmente eres tú! ¡Dímelo!

Sandra: (Dando vuelta al rostro). Jugó con lo dos hielos hasta la pregunta obligada. Debíamos regresar a casa en auto y él dijo que al llegar estarías esperando en la sala…

Olga: (Mirando a ambos, sintiéndose acorralada) ¡No, no puede ser verdad!

Sandra: (Mirando a Olga) Me oculté tras la ventana para oírlo decir que saldrían con la libertad puesta como abrigo para una dulce noche, que la lámpara estaría encendida  y que tu llevarías puesto el vestido rojo.

Olga: ¡No puede ser! ¡Dime que no es verdad!

Sandra: Te tomó del brazo… guardaron silencio mientras tú soñabas con las nubes en su pecho, en las hojas que brotan por cada milímetro de la corteza de su cuerpo… (Con tono inquisitivo, mirando a Olga) en las sábanas cubriendo tus formas, tus secretos, tu miel…

Olga: ¡Nooo!

Sandra: Entraron… cerró apresuradamente la puerta que los aisló del todo… Vi tu cuerpo reflejado desnudo en la luna frente a la ventana…

Olga: ¡No!

Sandra: (Sonriendo) Y luego… sólo te dejó un… hasta luego.

El Hombre: (Con tono tranquilizador, dirigiéndose a Olga) Ven… puedo serlo si tú así lo quieres… y volverán las brisas al balcón, y las caminatas en la acera, los baños de sol, los motivos en donde nos veremos… (Olga respira hondamente. Ella en un momentáneo estado de tranquilidad). Sólo se trata de poner punto final y todo volverá… y volverás tú…  Si me desatas te murmuré al oído el arrecife de libélulas que moran entre mis manos… y te daré el universo… y las almas poseerán cuerpos y los ciclos reiniciarán su futuro… y tu cuerpo eclipsará la tempestad… y la calma… sólo, sólo desátame…

(En un movimiento brusco Olga lo empuja y él cae).

Olga: (Se incorpora, acomoda sus ropas y cabello. Con tono firme dirigiéndose al hombre y refiriendo a Sandra). Ella daba importancia a los paréntesis entre las líneas de los códigos que a tu llegada dejaste mencionar… (Dirigiéndose al Hombre) La jurisprudencia te resultaba tan confusa como las tildes en los nombres extranjeros de tu geografía extraviada… y de toda aquella disciplina, no siendo tuya, que utilizaste para seducirme desde antes de tomar el volante.

El Hombre: Por favor… ¡Desátameee!  

Olga: Había dejado escrito el veredicto en el sabor de tus labios (dirigiéndose a Sandra) y tus verracos se consumían en la espera por sus besos… La declaración en la que tú respondiste tras buscar la tarjeta con su número telefónico… Sí, la espera en las llamadas del teléfono. (Tono inquisitivo) Te dijo su nombre… Sandra.

Sandra: (Ríe)

El Hombre: ¡Desátame!

Olga: Son ciclos… Las emociones son fenómenos psicológicos, igual que los pensamientos y las conductas. Tienen la particularidad de que están, como todos los fenómenos psicológicos, llenas de significado y hay que entenderlos como un fenómeno que tiene que ver con el significado. (Pausa. Se para sobre el Hombre)  Si yo tengo que abrir las piernas en público, empiezo a sentir determinadas emociones, eso no es independiente del significado que le estoy dando a tal situación. (Voltea a ver a Sandra. Sonríe) Gracias mi amor, porque le das significado a mi vida. (Extiende la mano hacia Sandra) Ven. Déjame mirarte desde los ojos de la mujer de ese cuadro. Ven, aquí empieza todo otra vez. (Se deja caer sobre el hombre y empieza  a besarle las mejillas).

Sandra: (Se pone en pie y se acerca hasta ellos lentamente. Lleva en la mano un revólver) Lo llaman… nutrición emocional mi amor. (Se apaga la luz y se oyen dos disparos)

(El escenario a oscuras. La voz de Olga entonando una melodía y alejándose. Soledad, Soledad. Cómo me miras desde los ojos de la mujer de ese cuadro. Cada día, cada día, cómo me miras…)

 

Fin


Septiembre de 2009

Hugo Israel López Coronel

*El autor es licenciado en Lingüística y literatura hispánica, Maestro en Literatura Mexicana por la BUAP. Actualmente doctorante en Educación. Miembro del grupo de investigación “Narrativas para la comunicación”  de la Facultad de Ciencias de la Comunicación BUAP.  Sus líneas de investigación son el análisis del discurso y las narrativas para la comunicación. 

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