UN SUSTO EN HALLOWEEN

Por: Marcelo Medone*

La pequeña, vestida con su atuendo de esqueleto y la cara pintada de blanco y negro como una calavera, salió de su casa en Cloverfield Street, Marshalltown, Iowa, dio los 150 pequeños pasos separaban a su casa de la de sus vecinos y tocó a la puerta. Ya era de noche y hacía frío ese 31 de octubre. Abrieron la puerta y apareció el señor Lippman, al que prácticamente nunca había visto en sus cinco años de vida. Su madre le había contado que los hermanos Stephen y Megan Lippman eran buenos y agradables vecinos.

El hombre, un anciano de sepulcral y gris aspecto, vestido con una bata descolorida, se quedó mirándola sin decir palabra. La niña estaba petrificada. Juntando coraje, recitó la fórmula mágica de Halloween:

—¿Dulce o truco?

Como Stephen Lippman seguía impávido, la niña repitió:

—¿Dulce o truco?

Desde adentro, se oyó una voz de mujer:

—¿Quién molesta a esta hora, Stephen?

—Me parece que es la pequeña de los Woodrell, nuestros vecinos.

A la niña le volvió el alma al cuerpo: ¡el hombre era capaz de hablar y la conocía!

—¿Cómo te llamas? —le dijo el señor Lippman.

—Jasmine. Jasmine Woodrell.

—Y es tu primera noche de Halloween, ¿verdad?

—Sí, señor.

—¡Muy bien! ¿Y cuál es el trato?

—Cuando yo le pregunto “¿Dulce o truco?” usted me tiene que responder “¡Dulce!” y darme caramelos o alguna otra golosina, que yo guardaré en esta bolsita de tela que traigo.

Jasmine le mostró muy orgullosa su bolsita para juntar dulces.

—¿Y si no te doy nada?

—¡Entonces lo asusto y le da tanto miedo que se muere!

—Entiendo, Jasmine. No te voy a dar nada.

Jasmine, que no esperaba una negativa, primero se ruborizó y después se puso pálida. Luego de unos instantes, levantó los brazos, puso su mejor cara de cadáver y exclamó lo más fuerte que pudo:

—¡BUUU!

Stephen Lippman se desplomó en el acto y quedó inmóvil, atravesado en la entrada. Apareció corriendo su hermana Megan. La vio a Jasmine, se llevó las manos a la cabeza y también cayó muerta.

La niña, presa del pánico, arrojó su bolsita de dulces y salió corriendo para su casa.

Stephen abrió los ojos, observó a su alrededor y comenzó a incorporarse con dificultad. Megan hizo lo propio.

—Nos estamos poniendo viejos, Meg. Me duelen todos los huesos —comentó Stephen.

—Ya no estamos para estos juegos.

Megan lo ayudó a Stephen a terminar de levantarse, cerraron la puerta y se sentaron en el sofá del living.

—Un festejo de Halloween sin sustos no es un festejo —sentenció el señor Lippman. Megan Lippman asintió con la cabeza y sonrió malévolamente.


*Marcelo Medone (Buenos Aires, 1961) es escritor, poeta y guionista. Ha escrito cuentos, microrrelatos, novelas, poesía, obras de teatro y guiones cinematográficos. Sus textos de narrativa y poesía han sido premiados en varios certámenes internacionales y han sido publicados tanto en papel como en digital, tanto en forma independiente como en antologías, en diarios, revistas, blogs, radios y ediciones de Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Honduras, Guatemala, Cuba, México, Puerto Rico, Estados Unidos, Canadá, España, Francia, Australia y África. Actualmente vive en San Fernando, en las afueras de Buenos Aires.

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