Morris

Por: Hugo Israel López Coronel*

Antes de cerrar la ventana extendió su mano.

Me dijo adiós.

El tiempo la trajo de regreso pero Luis dijo que ella no regresó.

¡Échate un platito de caldo de frijoles!, paluditos pero nutritivos. ¡Te hacen bien!, a ti que te gusta leer. ¡Órale!, están calientitos. Hay tortillitas, o si quieres, en la bolsa de pan queda una pieza. Quizá pudiera contarte mi vida. Dicen que cuando te mueres los perros te ayudan a pasar el río. ¡A mí qué!, yo si les doy de tramar, ¡nooo!, agasajados. ¡¿Sabes?! La neta si lo marco. Lo divisé desde el zaguán. Neta que lo marco. ¡síííí! Lo oí, aquí con su gua gua, aventando verbetes bien chanate, el Rajas siempre anda bien puesto. ¡¿Ya ves?!, anda, te sirvo, paluditos pero sabrosos. 

Serán útiles las mondas para la otra tira de cacahuates. ¡Aguanta!, deja que me haga digestión la comida y ahorita vemos qué pedo. ¿Qué onda con la leandra? ¿Sabe que hay más líneas? No sólo es entrarle a lo pendejo. De una vez díselo. Que no luego me venga con patrañeses. Ya sabes el aroma por aquí, así que ni pedo.

A Rajas le encanta mi cabello largo… Rajas lo sabe, él mismo se autosecuestró para la doña. Él sabrá lo que hace. A mí, pues me da lo mismo. ¡Ya huelen! Están bien herviditos. Cebolla… aceite y sal. Es mejor dejarlos tapados, se cuecen más rápido. Pon atención, empiezas a barrer desde adentro para fuera, ¿o cuándo has visto que primero se pongan los pantalones y luego los calzones? Yo empecé con los cacahuates chava. Eran otros tiempos. La neta, a esa edad quién hace iris; a mí me lo explicaron curvito, justo después de la primera lluvia dorada. ¡Física!, ¡es física! Por eso hicieron la educación gratuita. ¿En verdad crees que los medios de masas matan? Tenemos atraso de unos cien años, luego, reescriben la historia diciendo que tenemos la ventaja de los valores morales. ¡Sencillo!, ¿no?, es más, no vamos lejos, Susanita lo agarró morrito. ¡Hasta los miados le tirabaaa!, ahora se hace de la boca chiquita, ya que todos crecieron. ¡Hasta es abuela!

Se trata de permanecer. Es quizá. Decidiste cerrar los ojos, entregarte por completo al viento, conectar los cables para que tus cenizas fueran esparcidas, sin una sola gota de luz, ya sin tiempo ni espacio, sólo con la disposición para verlos llorar con las caras de los alcatraces entre tú y yo, entre ella y tú, entre los que arriba aún dormimos con el Jesús en la boca y apenas dejamos a medias el permiso a la luna para mirar dentro de nosotros.

Abres el periódico, los vas poniendo en la coladera y los enjuagas. En barro saben mejor, pero, pues ahora aunque sea en peltre. De todas formas quedan sabrosos. Ahoritita pico los chiles y las cebollitas, y le ponemos chido. ¿No tienes jaria? Porque yo sí. ¡Suavecito!, ¡trátalo suavecito!, que apenas se note la telita que recubre el rostro. Antes de que tengas que decidir si olvidas o haces memoria. El viento ya sopla fuerte otra vez.

¡Él llamó varias veces a la puerta! En la jeta se le notaba la angustia. A mí no se me va una; luego luego lo saqué a balcón… Han dicho que los elementos se combinaron formando amasijos… espirales… luego vinieron los anuncios publicitarios, ¡qué sé yo!, hasta estiércol aventaron y después todo se amotinó y se separó, una y otra vez hasta que empezaron a salir los códigos, las gasolinerías, las manecillas y los espectáculos humanos.

El talón me dejó un buen billete. Me coticé caro. Aprendí a bailar de cachetito, era un lugar donde te agarran las piernas y si te vas en grande te parten la madre y hasta te engrapan la piel con hilo negro después de los madrazos. Termina uno acostumbrándose. Se vuelve cárcel cuando andas de gira y de cabrón en cabrón, y terminas con cualquiera que le pone al chemo.

Cuando los niños están chiquitos, al año y medio o dos, y no hablan, hay que darles las sopas del perico para que hablen. El caldito de frijoles tiene mucho hierro, y eso, le ayuda para sus piernitas. Todos los días, a las doce lo sacas al sol y con eso, verás cómo anda. Mis chavos los tiene su papá. Los visito de vez en cuando. Ya sabes, con una buena feriecita para cualquier agasajo. Nunca falta.

Aquella tarde Morris me dijo que ya hervían los frijolitos. Me pidió el plato. ¿Te sirvo?, me musitó. Luis me contó que Susanita había puesto la denuncia por el secuestro de Rajas, cuando la policía rodeó el departamento Morris salió por la ventana de la recámara, aún recuerdo su adiós.   

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